sábado, 12 de marzo de 2016

LA ANIMACIÓN TURÍSTICA

El turismo se ha convertido en una actividad económica importante para los países y para los diferentes destinos turísticos que el país ofrece,  convirtiéndolos en una opción alternativa para conocer la historia, la cultura y tradiciones, invitando a los turistas y visitantes a ser parte de esta vivencia. 
A la vez, los intereses de los turistas han cambiado en los últimos años, considerando la experiencia y la vivencia que se tenga en los destinos y en las comunidades que los conforman, lo que hará que su viaje tenga un valor muchísimo más importante y memorable.
Entre los beneficios que se pueden mencionar está el de darle un valor económico al destino; generar ingresos directos a los actores locales, lo cual crea incentivos para la preservación de la comunidad; y promueve el uso sustentable de los recursos.  

METODOLOGÍA DEL ESTUDIO DE PERFIL Y SATISFACCIÓN DEL TURISTA

El estudio se inició analizando sólo a los turistas internacionales, realizando entrevistas en las salas de última espera de los aeropuertos de los principales destinos del país, al identificar el valor y utilidad de la información recabada, se integró el análisis del mercado doméstico y se amplió el número de destinos a evaluar.  Durante estos 10 años, se han probado distintos mecanismos para la colecta de la información, distinguiéndose principalmente en cuanto al responsable de emprender el levantamiento de la información: el gobierno federal o el local (el destino turístico mismo), siendo el CESTUR el encargado de verificar la calidad de cada ejercicio y coordinar de manera general la ejecución del estudio. Cuando el levantamiento de la información se realizó por el gobierno federal, se logró un ejercicio confiable, homogéneo y sistemático, no obstante el alcance del estudio es limitado a un número reducido de destinos turísticos, por los recursos económicos que se requieren para desarrollarlo. Por otro lado, cuando se realizó de manera descentralizada se pudo llegar a todos los destinos turísticos que manifestaron la voluntad de hacerlo, pero a la par, en algunos casos se presentaron ciertos obstáculos para alcanzar la calidad estadística necesaria que garantizara la confiabilidad de los resultados, por ejemplo: falta de personal capacitado y disponible para realizar la aplicación y supervisión del trabajo de campo o la ausencia de los recursos humanos y tecnológicos para el procesamiento de las encuestas mediante el uso de programas estadísticos.  Se puede concluir que, es importante desarrollar mecanismos y herramientas que permitan a los destinos mantener la capacidad de generar a nivel local la información necesaria para la oportuna toma de decisiones, pero de manera homogénea y sistemática.

viernes, 11 de marzo de 2016

LA ELABORACIÓN DEL PERFIL DEL CLIENTE, UNA HERRAMIENTA PARA GARANTIZAR SU CONOCIMIENTO Y SATISFACCIÓN (Por: Miriam Gómez Fernández)

Resumen: El trabajador del turismo en la actualidad se enfrenta a un gran reto. La similitud de la mayoría de los sistemas y procesos de trabajo en el mundo de los servicios, hacen que la diferenciación venga de la mano de las personas que los ofrecen






El trabajador del turismo en la actualidad se enfrenta a un gran reto. La similitud de la mayoría de los sistemas y procesos de trabajo en el mundo de los servicios, hacen que la diferenciación venga de la mano de las personas que los ofrecen.
Así las cosas, surge la necesidad de integrar una estrategia de gestión de la hospitalidad y por tanto de las relaciones con los clientes, en la que el conocimiento de sus características constituye un pilar fundamental.
Conocer al cliente significa en primer lugar, definir de forma concreta y detallada lo que es un servicio excepcional desde su punto de vista y no solo del de la empresa,  para ello es preciso huir de definiciones genéricas e imprecisas. Utilizar indicadores del servicio y convertirlos en normas internas de rendimiento y adecuación a las necesidades del cliente constituye el siguiente paso. La finalidad es alcanzar, e incluso sobrepasar, las expectativas del cliente, sorprenderlo y fascinarlo.
Sucede que en la mayoría de las ocasiones existe clara comprensión de que se puede vender más y mejor si se conoce con exactitud al cliente, sin embargo si se pregunta acerca de cuáles son las principales características de estos y cómo averiguar sus gustos y necesidades entonces las cosas se complican.
Una adecuada investigación de los clientes y un conocimiento adecuado de los métodos para realizarla pueden constituir una gran ayuda para el personal de primer contacto con el cliente -excelente eslabón de retroalimentación de la calidad del servicio- y los directivos de las organizaciones turísticas
En este empeño elaborar el propio perfil del cliente que visita el hotel, el restaurante, la tienda, puede concretar de forma notable el servicio que se ofrece y se constituye en una potente herramienta para la personalización del mismo.
Elaborando el perfil del cliente....
Es beneficioso considerar dos variables: la demográfica y la psicográfica.
En la variable demográfica es necesario recabar datos generales que vayan permitiendo una caracterización a grandes rasgos, a saber, edades, sexo, nacionalidad, ocupación , nivel de escolaridad, nivel de ingreso, tipo de turista- sólo, si viaja acompañado, si viaja con la familia, si viene por negocios...
Luego de completada esta caracterización general se deben considerar aspectos más específicos, que incluyen las características psicológicas y culturales que se reflejan en su comportamiento. Abordemos algunas pinceladas de las mismas.
-         Los grupos de referencia son aquellos que constituyen un patrón con el que los individuos se comparan. En estos grupos se desarrollan normas y roles. La familia, los grupos de un trabajo, los amigos, son ejemplos de tales grupos.
-         El estudio de la cultura es el estudio de todos los aspectos de una sociedad: su lenguaje, conocimientos, leyes, costumbres, etc. que otorgan a esa sociedad un carácter distintivo y su personalidad. En el contexto del comportamiento del cliente, se define a la cultura, como la suma de creencias, valores y costumbres adquiridos y transmitidos de generación en generación, que sirven para regular el comportamiento de una determinada sociedad y se transfieren, entre otras cosas, a un bien de consumo a través de la publicidad y del sistema de modas.
-         Esfera motivacional del cliente: Necesidades y Motivaciones.
Un cliente adquiere un producto o acude a un servicio siempre para satisfacer una o múltiples necesidades. Satisfacerlas es la tarea del trabajador del turismo. Saber cómo hacerlo es básico. La cuestión estriba en vender beneficios de productos y servicios y no sus características, así un cliente no adquiere una habitación, sino lo que esta puede representar para él, por ejemplo, tranquilidad, comodidad, belleza por la vista al mar, etc.
Las motivaciones por las que un cliente compra o adquiere un servicio pueden ser disímiles, placer, negocios, salud, cultura, afán de conocimientos y otros que compulsan al mismo a buscar el servicio deseado.
-         Existen dos categorías que definen la calidad del servicio. Las expectativas con que el cliente viene hacia la búsqueda de él y la percepción de su prestación hacen que este califique el servicio de malo, bueno y excelente.
Veamos algunas consideraciones al fijar las expectativas del cliente y al considerar sus percepciones:
Ø       La calidad es algo subjetivo que no depende de la organización sino de los clientes
Ø       Si la unión de calidad esperada y calidad entregada no resulta, deviene en experiencia no positiva para el cliente.
Ø       El éxito está en trabajar por sobrecumplir las expectativas del cliente.
-         El desarrollo de la empatía es una cualidad esencial en todo trabajador de los servicios, situarse en el lugar del cliente es una obligación para las personas que tratan con ellos y constantemente preguntarse:
Ø       ¿Qué es lo que necesita? ¿Lo obtiene? ¿Cómo?
Ø       ¿Es suficiente con lo que se hace, puedo darle algo más?
Ø       ¿Cómo sobrepasar sus expectativas?
Es importante conocer que aunque existen percepciones prácticamente como clientes en este mundo, las investigaciones revelan que los atributos del servicio que más evalúan los clientes son los siguientes:
1.      Fiabilidad: Servicio satisfactorio desde la primera vez
2.      Profesionalismo: Trabajador con vocación de servicio
3.      Accesibilidad: Teniendo en cuenta lugar, horario y tiempo de prestación, además de estar siempre  lo mas cerca posible del cliente
4.      Cortesía: Contacto personal educado, atento simpático y amable.
5.      Comunicación: Información y canales abiertos cliente-empresa
6.      Credibilidad:  Imagen de honestidad y ambiente de confianza
7.      Seguridad: Carencia de peligros, riesgos y dudas
8.      Empatía: Ponerse en el lugar del cliente
9.      Capacidad de Respuesta: Tiempo y contenido de las respuestas en el servicio y ante quejas
10. Elementos Tangibles: Entorno físico del servicio. Instalaciones físicas, equipos, etc.
Es importante considerar otros aspectos en la elaboración del perfil de los clientes como:
-         Preferencias: Vistas como aquellas inclinaciones del cliente por una entre varias opciones. Básicas en la personalización del servicio, por ejemplo la selección de una marca determinada de vino.
-         Costumbres y hábitos como aquellas acciones que en virtud de su repetición se instauran en la personalidad y se tornan en patrones de actuación sistemáticas para el cliente, por ejemplo, beber siempre un licor al concluir la comida.
Hasta aquí algunos aspectos básicos que deben nutrir el perfil de los clientes que visitan nuestra instalación. Pero, ¿cómo obtener la información para su confección?, no existe otra respuesta que no sea INTERACTUANDO CON EL CLIENTE.
El uso de determinados métodos como las encuestas, de las que en ocasiones se abusa dejando de prestar atención a otros métodos, tan o más efectivos, como las entrevistas y los grupos focales (que garantizan un intercambio cara a cara con el cliente), pueden dotar a directivos y personal de contacto de la información y retroalimentación necesarias para prestar un servicio de excelencia. Veamos algunas características de dichos métodos:
1. Encuestas y entrevistas a clientes
Ayudan a tener una perspectiva de las necesidades y expectativas que tienen, de sus problemas y de la percepción del servicio y sobre la competencia.
La finalidad es conocer qué debemos mejorar y mejorarlo. Cada pregunta debe referirse a un aspecto, servicio o producto concreto, minimizando la subjetividad.
Asimismo, debe conocerse la opinión de los trabajadores de primer contacto pues son los que mejor perciben las necesidades y expectativas de los clientes y si existen vías de comunicación adecuadas, las podrán trasladar con efectividad a directivos, proveedores y demás personal que no interactúa directamente con el cliente.
2. Grupos de enfoque
Se realiza la elección de diez participantes que discuten y exploran aspectos específicos del servicio guiados por un moderador. Los participantes interactúan y de la interacción surge información valiosa acerca de la calidad de servicios y productos.
Los grupos trabajan mejor cuando el tema no es muy complejo y cuando los participantes se sienten motivados en el grupo. De esta forma a la vez que se extrae información los clientes seleccionados se sienten reconocidos como tal porque comprueban que se cuenta con ellos para la mejora del servicio.  Técnica muy valiosa cuando se ha logrado fidelizar a un grupo de clientes que desde su percepción pueden contribuir a la mejora del servicio.
Esta técnica es aplicada ampliamente hoy en el mundo de los servicios y sería muy beneficiosa su práctica entre nosotros en el empeño del perfeccionamiento de la calidad del servicio para un desarrollo turístico creciente.
Bibliografía:
q       Anderson, Kristin y Zemke, Ron. Ofrezca un servicio 5 estrellas. -- Buenos Aires : Javier Vergara , 1996 .-- 150p
q       Becvar, Raphael J. Métodos para la comunicación efectiva; quid para la creación de relaciones. -- México : Limusa , 1994 .-- 208p
q       Coureau,Serge Saber vender para vender más. -- Mexico : Grijalbo , 1988 .-- 182p
q       Hernández Corujo M  y Miriam Gómez Fernández, Cultura del servicio
q       Joan Elías Organización atenta. --Barcelona: Gestión 2000,2000.—143p

EL PASADO EN SU LUGAR PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO, DESARROLLO Y TURISMO

En el proceso de la construcción de espacios patrimoniales a partir de  yacimientos arqueológicos, los agentes implicados sobre el territorio son diversos, desde arqueólogos hasta expertos en didáctica y gestores de patrimonio, con relaciones de poder complejas.
Además, el diseño de productos  turísticos incorpora a otros agentes, que incluyen a los sectores de actividad interesados, tales como el sector hostelero y de restauración, el comercial, o el de las empresas agroalimentarias. Sin duda, el proceso de construcción de estos productos es largo, pues conlleva la transformación del bien cultural –el yacimiento investigado y excavado– en recurso patrimonial, y de este al recurso turístico y, finalmente, a su comercialización. Para avanzar en estos objetivos nos propusimos abordar, en primer lugar, aspectos generales relacionados con la viabilidad de las actividades económicas en torno al patrimonio cultural, y con la significación y el potencial de los recursos culturales para el turismo. Pau Rausell Köster, experto en economía de la cultura, parte de la importancia de la cultura y la creatividad en el desarrollo social y económico y expone las particularidades del sector del patrimonio para generar innovación, riqueza y bienestar. Defiende un concepto de patrimonio producido por diversos agentes pero donde  los grupos de interés pueden determinar impactos en el ámbito colectivo.

CULTURA TURÍSTICA PARA PERSONAL DE CONTACTO

Esta mejora, debe traducirse en la formación del recurso humano de las empresas turísticas, considerando los planteamientos culturales de una dinámica social que demanda hombres y mujeres con preparación, vocación, actitud positiva y emprendedora y una filosofía de vital importancia: la de la calidad.

Para lograr esto, se han considerado diversas estrategias; una de ellas: el desarrollo de programas de mejoramiento del recurso humano del sector turismo. Para llevar a cabo esta estrategia se instrumentó el Programa de Capacitación Turística que ofrece la impartición  de cursos sobre diversas temáticas.

Como apoyo en la ejecución del proceso capacitador, se ha diseñado el presente manual  para el participante, correspondiente al curso “Cultura Turística para Personal de Contacto”, el cual pretende ser una herramienta guía para el desarrollo del proceso de instrucción-aprendizaje.

MANUAL DE SEGUIMIENTO Y ANÁLISIS DE CONDICIONES AMBIENTALES (Plan Nacional de Conservación Preventiva)

El seguimiento y control de determinados factores del medio es, sin duda, una de las tareas esenciales en la conservación de los bienes culturales. Aunque con diferentes enfoques, la noción de control del microclima, la iluminación y los contaminantes del aire siempre ha estado presente en el trabajo de conservación.
Así como el seguimiento y análisis de las condiciones ambientales es una estrategia relativamente moderna, la incorporación de sistemas de control y mantenimiento de la envolvente de los bienes culturales y de los propios bienes culturales lleva presente desde los inicios de la construcción y de la creación de obras de arte.
En el caso de los edificios, no solo se han tenido en cuenta cuestiones referidas al confort humano, sino que la envolvente ha estado muy vinculada a la «preocupación» por las condiciones ambientales de los bienes culturales, así como a la conservación del propio edificio.
Ya Vitrubio, en sus libros de arquitectura, recomendaba, entre otras muchas cosas, la orientación este y norte de las librerías, ya que en las otras orientaciones había peligro de proliferación de microorganismos y de insectos, además de tener en cuenta, por Ejemplo, la localización del inmueble dentro del  urbanismo para facilitar la ventilación natural, o la creación de cámaras de ventilación para prevenir problemas de humedad.
De manera general, es muy habitual encontrarnos sistemas de ventilación pasiva en los edificios históricos, donde son necesarios debido a su ubicación, al clima exterior o al uso que a estos se les da (zonas frías o calidas y húmedas, problemas de condensación, lluvias, humedades por capilaridad, índice elevado de visitas, etc.). Son muchos los ejemplos: desde las cubiertas, sistemas de ventilación pasiva para evitar condensaciones, calefacciones, revocos y capas de sacrificio, hasta sistemas de control de la iluminación en ventanas y orientación de edificios que albergaban colecciones sensibles a este riesgo.

ANALISIS DE LOS CRITERIOS PARA LA VALORACIÓN TURÍSTICA DEL PATRIMONIO NATURAL


RESUMEN 
La puesta en valor turístico de espacios sensibles comporta una cuidadosa planificación y gestión que debe basarse en la utilización de herramientas técnicas y en criterios de base científica. En este trabajo se analiza la oportunidad de emplear algunos criterios que han sido seleccionados y adaptados para ser utilizados para la toma de decisiones en materia de gestión turística del patrimonio natural. Así, en primera instancia y para realizar la valoración intrínseca se proponen: significancia, representatividad, singularidad, naturalidad, e integridad. Para la valoración recreativa se estudian: fragilidad, atractividad, accesibilidad, disponibilidad en el tiempo y en el espacio, factibilidad y potencial para la educación y la interpretación del patrimonio. Las conclusiones del estudio muestran los beneficios de utilizar métodos rigurosos y científicos de trabajo para la planificación y gestión de destinos turísticos de alto valor ecológico por cuanto que se pueden aplicar medidas preventivas previamente a la puesta en marcha de actividades recreativas y de sus posibles impactos dado que éstas siempre son más recomendables que tener que aplicar medidas correctoras

I. INTRODUCCIÓN  
La experiencia muestra que las actividades recreativas no planificadas traen a menudo aparejadas consecuencias no deseadas para los ecosistemas donde se escenifican, acarreando pérdida de bienes y servicios ambientales indispensables para el desarrollo y el mantenimiento de las sociedades humanas. Incluso en el caso de lugares remotos que, por sus características ambientales, se encuentran poco poblados o localizados en regiones poco accesibles, encontramos huellas de la actividad humana, difíciles de erradicar. Por esa razón, cualquier actividad recreativa que vaya a llevarse a cabo debe ser cuidadosamente planificada y gestionada en base a la utilización de criterios científicos y herramientas técnicas adecuadas para poder decidir la mejor localización para la actividad, dónde los impactos sobre los recursos sean mínimos. Un elemento importante a tener en cuenta es que los impactos causados por la recreación están estrechamente relacionados con el tipo de actividad que se vaya a desarrollar; así variará si se trata de una actividad lúdica, interpretativo‐educativa, y/o deportivo aventurera, (Viñals, 1999). Por otra parte, el modelo turístico aplicado, la decisión de dónde, cuándo y cómo implantar dicha actividad turística se relaciona también con la vocación del territorio (aptitud e idoneidad) y con la fragilidad y vulnerabilidad de sus recursos (Viñals, 2002) que son los factores limitantes más importantes para el desarrollo de cualquier actividad.   El presente trabajo analiza la oportunidad de utilizar una serie de criterios científicos para la valoración recreativa de los recursos naturales, en aras de facilitar la toma de decisiones en cuanto a poner en marcha una actividad recreativa sobre un ecosistema sensible. 

La valoración recreativa de los recursos es una herramienta de base científica basada en la utilización de unos criterios específicos que permiten la evaluación de los recursos en base a su atractivo turístico. Este sistema de valoración recreativa ha sido empleado de diversos casos de estudio que el grupo de investigación ha llevado a cabo donde había en juego recursos frágiles como era el caso de los humedales de la cuenca mediterránea (Viñals et. al, 2005) o en yacimientos arqueológicos, como el poblado ibérico del Castellet de Bernabé en Llíria (Valencia). Ello nos ha permitido mejorar el método de trabajo y refinar las herramientas. Los instrumentos iniciales de los cuales parte la valoración recreativa son los inventarios, que facilitan la adquisición ordenada y sistematizada de información sobre los recursos existentes en la zona que potencialmente podrían constituir el elenco de atractivos del lugar.   Existen muchas propuestas metodológicas de cómo recoger, almacenar, ordenar y clasificar la información asociada a los recursos tanto naturales como culturales o de otro tipo. De hecho desde la década de los años ’60 del siglo XX en que se produce el “boom turístico” comienzan a prodigarse metodologías para ello como la de Defert (1960), siendo la de la Organización de Estados Americanos (1978) la más utilizada por autores dedicados a estos temas. Posteriormente, la Organización Mundial del Turismo (1978) incorpora los inventarios como uno de los instrumentos de trabajo básicos y autores como Burkart y Medlik (1986), Gunn (1988), Backman et al. (1991), Leno (1993), Nusser y Goebel (1997) se adentran en el tema con el ánimo de enfatizar las bondades de su utilización en los estudios turísticos. 

Los inventarios deben ser, en definitiva, documentos que recojan información como mínimo sobre la localización del recurso, tipología y caracterización de los mismos, cronología, usos actuales e importancia económica y social que la sociedad les atribuye, el tipo de gestión de que es objeto el recurso, valoración de su estado de conservación, riesgos y amenazas de que es objeto, y además toda la documentación gráfica y cartográfica necesaria.   Hay que mencionar que muchos estudios turísticos concluyen con la fase de inventario, hecho claramente insuficiente para la toma de decisiones de planificación y gestión turística del territorio. De otro lado, hay que mencionar que estos inventarios deben estar sometidos siempre a procesos de actualización ya que de otra manera no resultan útiles.   La valoración de los recursos se inicia una vez se han inventariado convenientemente. En primer lugar, hay que efectuar una valoración intrínseca de los mismos para hacernos una idea de su valor como tal recurso y, en segundo lugar, se llevará a cabo una valoración recreativa de los mismos. A la conclusión de las mismas, se tendrá una idea aproximada sobre la aptitud e idoneidad de los recursos para poder ser utilizados en actividades recreativas y se podrá entonces comenzar la fase de planificación.   Hay que mencionar que en relación a las valoraciones de los recursos, la Ecología ha sido la ciencia que ha dedicado mayores esfuerzos para el establecimiento de criterios para la toma de decisiones, fundamentalmente ante la necesidad de establecer programas de conservación y protección de espacios y especies o proyectos de restauración (Mallarach, 1999). Este trabajo, puesto que se centra en el estudio de recursos naturales, incorpora criterios de valoración intrínseca de corte ecológico. Los estudios metodológicos de valoración recreativa de los recursos son muy escasos y el establecimiento justificado de unos criterios de evaluación aún más. Para este cometido, el trabajo ha partido de la utilización de criterios de base ecológica, junto con otros del ámbito de las Ciencias Sociales. Estos criterios han tenido que ser adaptados para poder hacer extensiva su utilización a todo tipo de recursos (humedales, monumentos, restos arqueológicos, paisajes culturales, ornitofauna, etc.). 

II. LA VALORACIÓN INTRÍNSECA DE LOS RECURSOS 
Esta evaluación consiste en determinar el valor o atributos propios que en sí mismos detentan los elementos del ecosistema que se analiza en relación a su pertenencia a tal grupo específico (valor arqueológico si es una ruina, valor ecológico si es una especie, valor geológico si es un yacimiento fosilífero, etc.). Se contemplan como criterios de valoración en esta fase: significancia, representatividad, singularidad, rareza y naturalidad e integridad. Todo ello aplicado a recursos de tipo geológico, geomorfológico, faunístico, florístico, ecológico, hidrológico y paleontológico, entre otros. Este último criterio, en el caso de patrimonio cultural se asimila a la autenticidad. La significancia se refiere al valor o importancia del elemento natural, sean especies de fauna o flora así como los elementos abióticos, en función de su relación con el entorno y a las características propias que presenta en función de la clase o tipo en la que haya sido incluido (valor naturalístico, valor científico, valor social universal, etc.). Un ejemplo claro en este sentido es el de los primates superiores, a los que siempre se les atribuye una especial significancia desde todas las perspectivas, por sus estrechos vínculos con la especie humana. Otro caso para ilustrar este concepto nos lo procuran las plantas con propiedades curativas y medicinales, a las cuales se les considera también de gran importancia por las múltiples aplicaciones que de ellas se derivan.    

La representatividad hace mención al grado en que el elemento natural en cuestión presenta las características o atributos propios del grupo al que pertenece. Este criterio puede entenderse desde dos perspectivas: la representatividad típica (cuando un rasgo del lugar o la comunidad es común; e.g., Phoenicopterus ruber que es un flamenco que habita normalmente en los humedales salinos) o puede representar un rasgo singular o único del lugar o comunidad (característica excepcional minoritaria). Por ejemplo, se puede decir que las albuferas y marjales del levante español son representativas de los humedales de esta región porque presentan la característica de tener aguas dulces lo que las distingue del resto de otros humedales ribereños del mediterráneo.   La singularidad se establece en función de la rareza que el elemento presenta en relación con las características propias de la clase o tipo a la que pertenece. Este criterio se define considerando la escala geográfica de distribución del elemento y el número de elementos. Así, puede tener dos aproximaciones fundamentales, la referida a singularidad frente al entorno más o menos inmediato (nivel local) y la referida a su excepcionalidad a grandes escalas regional o continental (Cadiñanos y Meaza 1998). Un ejemplo de rareza natural a nivel local y regional es la Sequoia    gigante (Sequoia gigantea) cuyos mejores ejemplares los encontramos en el Parque Nacional de este nombre en California (EE.UU.), la cual era rara aún antes de que los humanos entraran en escena.   Por otra parte, Rabinowitz (1981) estima que los recursos abióticos pueden considerarse raros por su singularidad morfológica y/o por la excepcionalidad de los procesos que dieron origen a los mismos. 

Así, desde una aproximación a gran escala, monolitos, arcos o rocas superpuestas son elementos singulares del paisaje resultado de procesos de erosión diferencial sobre determinados tipos de roquedo. Es el caso del arco sobre arenisca del Arches Nacional Monument en Utah (EE.UU.) o los cerros testigos de arenisca compacta del Monument Valley en Arizona (EE.UU.), o siguiendo con las formaciones de arenisca, las que encontramos en el Parque Arqueológico de Petra (Jordania). Otros ejemplos de formaciones excepcionales a nivel mundial, lo constituyen dos de los destinos turísticos más atractivos del planeta: Pamukale (Turquía) y Mammoth Hot Springs (Parque Nacional de Yellowstone, EE.UU.) resultado de la combinación de surgencias termales ricas en minerales calcáreos. Asociados al concepto de rareza aparecen, ligados a los recursos bióticos, el de endemicidad y relictismo, referido a aquellos taxones o asociaciones propios y exclusivos de un determinado espacio biogeográfico o representativos de otra época y otras condiciones ambientales que perduran con escasa y muy localizada representación. Las islas oceánicas suelen ser ejemplos típicos de sitios con alto grado de endemismos debido fundamentalmente al prolongado aislamiento geográfico que éstas han sufrido a lo largo de su historia geológica 

No hay que descartar que parte del atractivo turístico de las islas resida en su carácter único ligado posiblemente a este factor. Un ejemplo paradigmático lo constituye el archipiélago de las Islas Galápagos (Ecuador), donde de las más de 2.900 especies marinas descritas, el 18,2% es endémica al igual que ocurre con la fauna terrestre, entre la que destacamos la tortuga gigante (Geochelone elephantopus) atractivo fundamental para los visitantes que llegan hasta este espacio. En el archipiélago de Juan Fernández, recientemente afectado por los sismos que tuvieron lugar en Chile, cerca del 80% de la flora de la isla Robinson Crusoe o Más a Tierra es endémica. Con respecto a áreas continentales, hay que destacar que España es uno de los países europeos con más endemismos (alrededor de 1.500 en la península más unos 500 en las Islas Canarias). La presencia de elementos endémicos o relictuales le otorgaría al sitio una situación de gran fragilidad respecto a otros espacios puesto que al ser lugares con presencia única de ciertos recursos, su degradación o destrucción podría llevar a la desaparición de los mismos. 

Los endemismos suelen ser por ello muy vulnerables a la transformación de sus ecosistemas, ya que sus hábitats se encuentran en regiones donde ciertas poblaciones evolucionaron en aislamiento y en las cuales las especies desarrollaron características específicas relacionadas con su entorno.   La naturalidad es un concepto que se opone a la artificialidad del lugar y por tanto tiene que ver con el buen estado de conservación del ecosistema. La artificialidad evalúa el grado de transformación de un espacio natural. Es un indicador de lo alejado que está de su estado prístino. Se considera que cuanto más artificializado esté el espacio natural, mayor va a ser la fragilidad de las áreas naturales remanentes, ya que deberán soportar presiones cada vez mayores. Esta idea va muy ligada también al concepto de integridad ecológica que se define como la habilidad de mantener equilibrado el conjunto de todos los elementos abióticos (agua, rocas, etc.) y bióticos (especies y comunidades biológicas) que constituyen el ecosistema y los procesos que allí tienen lugar (Karr, 1996). La integridad de un ecosistema hace que esté presente cierto nivel de resiliencia (dependiendo del tipo de ecosistema que se trate) ante los disturbios ambientales (Strickland‐Munro et al., 2010). Aún así, la proximidad a fuentes de impacto humano constituye siempre un gran riesgo para el mantenimiento del carácter natural de un sitio.  

Relacionado con el concepto de integridad se encuentra el de biodiversidad o diversidad biológica, que tiene una gran relevancia en la valoración intrínseca de los ecosistemas. Por diversidad biológica o biodiversidad se entiende la variedad de organismos vivientes considerados a todos los niveles de organización, incluyendo diversidad a nivel genético, de especies y de otros niveles taxonómicos superiores y a la variedad de hábitats y ecosistemas así como a los procesos que tienen lugar en ellos (Meffe y Carroll, 1997). El mantenimiento de la diversidad biológica de un sistema natural asegura el mantenimiento de su integridad y, por ende, de las funciones ecosistémicas que dicho sistema posee. A medida que se incrementa la biodiversidad, aumenta la probabilidad de que un ecosistema sea más estable y más resiliente (Naeem, 1998). Por otra parte, la    diversidad geológica, geomorfológica, edáfica, hídrica y climática, son la base del nivel de heterogeneidad ambiental presente en un territorio y, por lo tanto, del número de especies que un sistema puede sustentar.

A propósito de la biodiversidad, hay que mencionar que los humedales tienen en este criterio su más importante pilar para fomentar su conservación y protección. En cambio, hay que hacer notar que la biodiversidad no siempre resulta atractiva desde el punto de vista turístico. Está siempre en función de las especies que compongan esa biodiversidad. Así, retomando el ejemplo anterior de los humedales, pese a ser uno de los ecosistemas más biodiversos del mundo no son los más atractivos para el público porque las especies que lo componen son catalogadas como fauna molesta (insectos, reptiles, etc.) y únicamente las aves escapan a esta consideración y resultan atractivas a los ojos del visitante generalista. Otros ecosistemas menos biodiversos pero con alguna especie emblemática como son los bosques de bambú con osos panda, resultan más atractivos al público. 

III. CRITERIOS DE VALORACIÓN RECREATIVA   
El proceso de valoración recreativa de los recursos se lleva a cabo mediante la utilización de otros criterios. A partir de los resultados de este análisis es factible dilucidar la aptitud e idoneidad que tienen los recursos como atractivos para el público o para acoger determinadas actividades. Un criterio fundamental y prioritario en este análisis es el de fragilidad, ya que resulta un indicador de la resistencia que el ecosistema o recurso en sí va a presentar frente a los posibles impactos que puedan derivarse de la actividad recreativa y de los propios visitantes. Un paso posterior es el análisis de los criterios de: atractividad así como de su accesibilidad, su disponibilidad en el tiempo y en el espacio y su aptitud potencial para la educación y la interpretación y la factibilidad de utilizarlo para tal fin. La fragilidad se relaciona con la posibilidad de destrucción y/o degradación del recurso o de un sistema en función de su propia dinámica ecológica y evolutiva y existen muchos factores relacionados con el análisis de la fragilidad de un recurso o un ecosistema. Es lo opuesto al criterio de resistencia, que es la habilidad de un ecosistema para resistir a un determinado impacto (De Angelis et al., 1989).   El criterio de endemicidad y rareza, ya tratados, habitualmente van coaligados a éste. Otro factor relacionado es el de amenaza de extinción. Un recurso amenazado es aquel que se encuentra en regresión y en peligro más o menos inmediato de desaparición como resultado, básicamente, de la acción humana. Se considera que la presencia de recursos amenazados puede afectar la fragilidad de un ecosistema debido a que se pierden especies o recursos (como los distintos tipos de hábitats) que afectan la integridad del mismo.   Para el caso de recursos bióticos, la referencia más generalizada es la de categorías de estatus de conservación de especies que se establecen en el libro rojo de la UICN (2001)1 . Un conocido ejemplo de especie en peligro de extinción en España lo constituye el lince ibérico (Lynx pardinus), catalogado como el último gran gato salvaje europeo. Otro ejemplo son las playas mediterráneas, ya que constituyen un caso de recurso abiótico amenazado. 

Este tipo de ecosistema es el soporte de una de las modalidades turísticas más extendidas como es e “turismo de sol y playa”. Estos ecosistemas se encuentran en franco retroceso por la acción combinada de factores muy diversos como el ascenso del nivel marino resultado del cambio climático, el desequilibrio creado por la introducción de estructuras que interrumpen los flujos sedimentarios longitudinales en el litoral, la falta de aportes sedimentarios fluviales que nutren el sistema y por el uso turístico generalizado de los mismos. El problema resulta que restaurar la forma de una playa es una tarea relativamente sencilla, pero restaurar un proceso dinámico de alimentación sedimentaria costera resulta mucho más complejo, a veces se trata de un impacto irreversible. El criterio de fragilidad va muy ligado también al de vulnerabilidad, que se puede definir como la falta de capacidad para soportar determinados impactos causados por agentes ajenos a su propia dinámica natural, especialmente de origen humano (Cadiñanos y Meaza, 1998). Existe un estudio muy útil de Liddle (1997) para este tipo de valoraciones, dedicado a analizar la vulnerabilidad de especies de flora y fauna frente a los diferentes impactos derivados de la recreación.   Así pues, podemos ver que el estudio de la fragilidad de los ecosistemas es fundamental para conocer las oportunidades para el uso público. De esta forma, se establece una relación inversamente proporcional entre fragilidad y desarrollo de actividades recreativas: a mayor fragilidad menos posibilidades de utilizar los recursos con fines recreativos.    

Por otra parte, existe un grupo de criterios que se relacionan con la atracción y el interés que un recurso despierta sobre el público. El más importante en este sentido es la atractividad que es un criterio basado en parámetros de tipo estético, emotivo y perceptual. Así, se valora la belleza, originalidad, el simbolismo y las emociones que provoca el recurso en las personas. Como se puede observar, se trata de un criterio para la valoración recreativa, con una gran componente de subjetividad marcada por unas preferencias que dependen de las características de los visitantes (edad, cultura, educación, nacionalidad, etc.). De cualquier manera, hay elementos objetivos para la valoración como son: la unicidad, el buen estado de conservación, la calidad escénica del entorno y el tamaño o superficie del sitio. La unicidad se define como su condición de ser únicos o irrepetibles en el área de estudio (repetitividad en el espacio). Fue, por ejemplo, uno de los criterios claves para la puesta en valor de los yacimientos de dinosaurios en la provincia argentina del Neuquén (Vejsbjerg et al., 2002) o para la declaración de Patrimonio de la Humanidad del Parque Nacional Talampaya y del Parque Provincial Ischigualasto en las provincias argentinas de La Rioja y San Juan, respectivamente ya que constituyen uno de los escasos ejemplos en el mundo de yacimientos del Triásico (Cortez et al., 2005). Unicidad y rareza son criterios con muchos puntos en común; la diferencia es que lo raro no tiene porque ser atractivo.   La buena conservación de los recursos es otra componente fundamental del atractivo de un recurso. Elementos destruidos, degradados de forma irreversible o alterada sustancialmente no podrán ponerse en valor recreativo. A este respecto hay que añadir que los recursos colindantes al atractivo deberán asimismo detentar un buen estado de conservación ya que constituyen el fondo escénico del mismo. La primera apreciación percibida por el observador‐visitante integra todos los elementos del conjunto y quedará registrada con mucha fuerza en su imaginario. Por ello, es necesario que esta visión sea de calidad ya que de forma contraria costará mucho poner en valor el atractivo de forma aislada a su entorno.    Otro de los elementos de cierta relevancia en cuanto a los componentes de la atractividad es el tamaño o dimensiones del recurso. No existe una regla escrita al respecto, pero parece ser que los elementos de gran tamaño atraen más la atención que los pequeños aunque esta regla no es aplicable en el caso de cachorros o crías de animales. 

La base científica a este respecto podría radicar en las mejores condiciones de observación que tienen los recursos de gran tamaño, como es el caso de los árboles monumentales frente a plantas de diminuto tamaño, que aún siendo de gran interés o belleza no logran captar igualmente la atención del público menos especializado.   En lo que respecta a la emotividad, cabe señalar que todo aquel recurso con el que el visitante pueda generar una conexión emocional e intelectual basada en un concepto universal será más aprehensible y por tanto más atractivo (Ham, 1992). No siempre son evidentes estas conexiones y, muchas veces, el cometido de desvelar los significados del recurso recaerá sobre el guía‐intérprete ya que, en general, puede resultar muy complicado que un visitante de forma espontánea o intuitiva pueda dilucidarlo. Por eso resulta importante definir qué recursos son capaces por sí mismos de generar emociones y, por consiguiente, considerarse como los más atractivos de un sitio. Este es el caso de aquellos recursos que detentan una gran belleza escénica y en los que pueden incluirse tanto elementos abióticos como seres vivos. Aunque no existen demasiados estudios sobre las preferencias de los turistas por ciertas especies animales,    existe una especial atención hacia los mamíferos, particularmente hacia especies emblemáticas (por ejemplo los grandes mamíferos de la sabana africana jirafas, elefantes, leones, etc., los cetáceos como las ballenas y delfines y la fauna de gran tamaño exótica como los osos pandas, canguros, koalas,  etc.) así como hacia las aves (existe toda una industria alrededor del turismo ornitológico).  

Otro criterio que contribuye a la valoración recreativa es la disponibilidad del recurso en el tiempo y en el espacio. Este criterio está relacionado con la capacidad de carga recreativa del ecosistema, las oportunidades para la visita, la frecuentación y la estacionalidad.   La capacidad de carga recreativa es una herramienta del análisis fundamental que no se puede obviar porque va a pautar el nivel óptimo de utilización del recurso o del ecosistema bajo condiciones de impacto mínimo. Existe numerosa literatura dedicada al tema desde diferentes metodologías de cálculo. Los autores de este trabajo incorporan en el análisis la componente del confort psicológico en un intento de garantizar al visitante una experiencia satisfactoria y de calidad en el lugar (Morant, 2007; Morant y Viñals, 2009). La estacionalidad influye mucho en la valoración del lugar, en especial, en el caso de la fauna, cuya observación no siempre se puede garantizar, especialmente si se trata de especies migratorias como las aves o los cetáceos. Por otra parte, hay que señalar que el clima es determinante en las actividades de aire libre ya que pautará el periodo de disfrute del recurso. 
En este sentido, señalar que el clima deberá cumplir unos mínimos requerimientos de seguridad (baja incidencia de riesgos climáticos), de disfrute (máximo número de horas de insolación y mínimo número de días de lluvias en horario diurno) y de confort o bienestar para el cuerpo humano (umbrales térmicos y de humedad ambiental que no pongan en peligro el metabolismo humano) tal y como sugiere el método de Olgyay (1998).   La factibilidad se considera para valorar las repercusiones internas y externas de la opción turística. Tiene que ver con la viabilidad económica (evaluación de costes y beneficios, costes de adquisición de terrenos, costes de restauración del ecosistema, costes de gestión y mantenimiento, etc.), los beneficios sociales y la actitud de los actores locales (aceptación por parte de la comunidad local de las nuevas actividades propuestas). Se relaciona también con la existencia de derechos adquiridos (de paso, de uso, etc.), usos tradicionales del suelo (agrícolas, ganaderos, extractivos, etc.), prácticas religiosas (ritos, romerías, etc.) y capacidad de gestión de la institución que garantiza la protección de los recursos, entre otras.    La factibilidad está también relacionada con la idoneidad, es decir, con las características que tiene el lugar para el desarrollo de determinadas actividades recreativas. Así, por ejemplo, los deportes de invierno sólo se pueden desarrollar en áreas montañosas que cumplen unos mínimos requisitos en cuanto a espesor de nieve, pendientes, bajo riesgo de aludes, etc. Las actividades acuáticas como el rafting o la navegación en kayaks sólo se pueden desarrollar en cuerpos hídricos pero con fuertes corrientes, es decir en ríos de aguas bravas, mientras que el surf necesita de mares con ciertos parámetros de oleaje. La accesibilidad se refiere a las facilidades de llegar hasta el ecosistema o lugar que se va a visitar. En parte existen unas dificultades de tipo natural como pendientes fuertes, intransitabilidad debido a la vegetación densa o a la presencia de lodos o terrenos encharcados, como ocurre en los humedales, pero también hay que considerar la dependencia de carreteras, caminos, equipamientos y servicios recreativos, señalización, transportes, etc. Este criterio determina el número de visitantes que accederán a ciertos atractivos. Se trata de un parámetro de obligado estudio porque una gran accesibilidad al espacio puede ser perjudicial ya que facilita la llegada masiva del público, lo cual es difícil de controlar por lo que puede impactar indiscriminadamente el ecosistema. 
Carreteras, ferrocarriles, cursos fluviales navegables y litorales accesibles generan oportunidades para el uso de los recursos pero también ocasionan contaminación y disturbios en general a los sistemas naturales (Gudinski et al., 2001). Por esto, cuanto mayor sea la accesibilidad a un espacio natural, mayor será su fragilidad. Así, por ejemplo, la densidad de carreteras en un espacio natural está en relación directa con los cambios en la composición de especies, incluyendo el incremento de especies exóticas invasoras y el descenso de la población de especies nativas, por mortalidad directa (atropellos, furtivismo, etc.), por modificaciones en los procesos hidrogeomorfológicos de los sistemas (cambios en las características físico‐químicas de los suelos, etc.) y por fragmentación de los hábitats naturales, entre otros. Así, un sendero o ruta en un bosque templado modifica las condiciones microclimáticas que lo caracterizan (tasa de insolación, viento, etc.) y otras variables como el porcentaje de cubierta vegetal o el grado de compactación del suelo, entre otras. Asimismo, incrementa la fragmentación y crea una mayor densidad de borde que generalmente afecta negativamente la dinámica poblacional de muchas especies.  

Encontramos también una relación directa entre accesibilidad e incendios, los cuales, en función de su frecuencia e intensidad, pueden influir negativamente sobre la biodiversidad del paisaje (Burel y Baudry, 2002) y sobre sus elementos abióticos. Respecto a esto último, se ha demostrado que la estabilidad de los suelos es afectada por los incendios y por la compactación que supone el paso frecuente de personas y animales, lo cual disminuye la capacidad de infiltración con el incremento de las tasas de escorrentía superficial y por ende de las tasas de erosión en vertientes. Finalmente hay que considerar el potencial que el ecosistema y los recursos tienen para el desarrollo de actividades de educación ambiental y/o para la interpretación del patrimonio. Los valores educacionales inherentes a algunos recursos son de gran importancia para fortalecer la sensibilización sobre la importancia de la conservación de los ecosistemas y para la transmisión de conocimientos relacionados con las ciencias naturales (ecología, biología, geología, hidrología, etc.) en el sentido de considerar los sitios naturales como “laboratorios vivos” para el aprendizaje. El valor pedagógico de un lugar depende no sólo de las posibilidades del medio sino de la existencia de equipamientos (aulas de naturaleza, centros de interpretación, granjas‐ escuela, senderos interpretativos, etc.), la calidad de los materiales educativos y el equipo de guías‐intérpretes y monitores. Respecto a la interpretación del patrimonio, hay que señalar que no todos los recursos presentan las mismas potencialidades. Los recursos más vistosos y atractivos suelen funcionar mejor en los programas de interpretación que aquellos que pasan más desapercibidos. Hay que señalar que un buen programa de interpretación temática con mensajes apropiados puede realzar en gran medida la atractividad de los recursos debido al valor añadido que comporta la introducción de componentes emocionales y las conexiones intelectuales como anteriormente se ha esbozado.  

IV. DISCUSION Y CONCLUSIONES 
Cada uno de los criterios presentados en este trabajo tiene importancia por sí mismo, con lo cual su análisis y evaluación debe ser individualizada. Puede darse el caso que un sitio sea considerado como resistente respecto a varios de sus parámetros pero muy vulnerable a cierta actividad o impacto provocado por los visitantes. En ese caso, las medidas correctoras ante una acción que se quiera llevar a cabo deberían estar enfocadas sobre ese criterio en particular, a fin de mitigar los efectos sobre los componentes estructurales y/o funcionales que tengan relación con él. En cualquier caso, se debe hacer una evaluación global que deberá ser el producto de un análisis integrado y una reflexión sobre los “pros” y “contras” de los resultados alcanzados. Queda claro que, en varios de los criterios propuestos, resulta necesario tener una información muy completa sobre el ecosistema que no siempre está disponible. En relación a ello, y mientras se adquieran los datos necesarios, el gestor deberá tomar decisiones de acuerdo al nivel de conocimiento en ese momento del espacio que administra, aún cuando tenga que evaluar parcialmente alguno de los criterios en función de la información disponible. En esos casos, el gestor deberá recordar el principio precautorio que plantea que la falta de información debe ser ponderada en la evaluación, en función de la existencia de un posible componente desconocido de fragilidad en el sistema. Por otra parte, hay que tener presente que todas las acciones llevadas a cabo en un sistema natural tendrán en mayor o menor medida algún tipo de impacto sobre el medio. Por lo tanto, si por esta evaluación un gestor llega a la conclusión de que un espacio natural es poco frágil, esto no implica que se pueda realizar allí cualquier tipo de actividad y con cualquier intensidad. Los resultados de la aplicación de este tipo de valoración van a permitir, por una parte identificar con antelación los posibles impactos que la actividad causará y así planificar desde el principio medidas preventivas y, por otra parte, determinar la vocación de los recursos para determinadas actividades recreativas.     Finalmente, cabe recordar que la valoración intrínseca de los recursos no siempre coincide con la valoración recreativa ya que en ésta última, como hemos visto, influyen componentes subjetivos y factores externos no inherentes a los elementos del ecosistema.   

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 
BACKMAN, S.J., MUZAFFER, U. Y BACKMAN, K. (1991).  Regional analysis of tourism resources.   Annals of Tourism Research, 18 (2): 323‐328. 

BURKART, J. Y MEDLINK, C. (1986). Tourism, past, present, and future. Oxford: Heinemman, London. 

BUREL, F. Y    BAUDRY, J. (2002). Ecología del paisaje: Conceptos, métodos y aplicaciones, Madrid, Mundi‐Prensa. 

CADIÑANOS, J.A. Y MEAZA, G. (1998).    Bases para una biogeografía aplicada: criterios y sistemas de valoración de la vegetación,  Logroño, Geoforma Ediciones. 

CORTEZ, E., GIANNONI, S.M. Y BORGHI, C.E. (2005). Plan de manejo del Parque Provincial Ischigualsto, Pcia. de San Juan, Período 2005‐2010. Fase I. Informe Técnico, 146 pp. 

DE ANGELIS, D.L., BARTELL, S.M. Y BRENKERT, A.L. (1989). Effects of nutrient recycling and food‐chain length on resilience. The American Naturalist 134:5, pp.778‐805. 

DEFERT, P. (1960).  Le tourisme dans l’expansión regionale. Principes et methods. AIEST, Vol. I. Editions Gurten, Berna. 

GUDINWKI, H., FURNISS, M.J., ZIEMER, R.R. Y BROOKES, M.H. (2001). Forest Roads: A Synthesis of Scientific Information. Portald (OR): USDA Forest Service, Pacific Northwest Research Station, General Tehcnical Report 

PNW‐GTR‐509. GUNN, C.A. (1988). Vacationscapes: Designing tourist regions. Van Nostrand Reheinhold, New York. HAM, S.H. (1992). Environmental Interpretation. A practical guide for people with big ideas and small budgets. Ed. Fulcrum Publishing, 456 pp.

jueves, 10 de marzo de 2016

ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE MOVILIDAD Y ACCESIBILIDAD AL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL Salvador de Bahía, Brasil Museo de la Misericordia 7 a 10 de abril de 2014

El Encuentro Iberoamericano de Movilidad y Accesibilidad al Patrimonio Cultural y Natural, realizado en Salvador de Bahía (Brasil) entre los días 7 y 10 de abril de 2014, organizado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) a través de su Programa P>D Patrimonio para el Desarrollo y el Instituto de Patrimonio Histórico y Arqueologico Nacional de Brasil (IPHAN), con la colaboración del Real Patronato sobre Discapacidad, la Fundación ACS de España y la Dirección del Centro Antiguo de Salvador (DIRCAS) del Gobierno de Bahía, ha tenido como objetivo general difundir y debatir sobre los conceptos y soluciones para la accesibilidad y movilidad de bajo impacto en las áreas de interés cultural y natural.
Los objetivos específicos del Encuentro han sido:
  • Fortalecer las políticas públicas de puesta en valor del patrimonio cultural y natural desde una perspectiva inclusiva y sostenible.
  • Sensibilizar a los profesionales de los derechos de las personas con discapacidad al uso y disfrute del patrimonio cultural.
  •  Dar a conocer las intervenciones en espacios urbanos en otros países que garantizan la accesibilidad al patrimonio cultural.
  • Discutir posibles soluciones que garanticen la accesibilidad y la movilidad de bajo impacto y su aplicación a la realidad brasileña.
  • Intercambiar buenas prácticas y estrategias de actuación de puesta en valor del patrimonio para la inclusión social.
  • Mostrar las posibilidades de cooperación técnica internacional en materia de  accesibilidad al patrimonio cultural y natural.
  • Dar a conocer la ordenanza del IPHAN no 420/2009, que establece los procedimientos a seguir para la concesión de autorizaciones para la realización de intervenciones en edificios protegidos y en su entorno.

LA ACCESIBILIDAD AL PATRIMONIO CULTURAL

La población con discapacidades es una gran minoría de la población: como ejemplo, un 2-3 % de los británicos tiene dificultad de visión, y el 10 % de los europeos tiene una discapacidad.
Nos encontramos, además, ante el cambio de una cultura dominada por  los jóvenes a una sociedad dominada por las necesidades de las personas mayores de 50 años: ya se está notando desde la década de los noventa. Serán colectivos de tercera edad educados para aspirar a una alta calidad de vida y que han vivido una época de gran acceso a la educación, al ocio y a los medios de comunicación (lo que llamamos “ocio culto”). Desde 2025 la mayoría de los visitantes a los museos serán personas mayores.
Con la edad se adquieren discapacidades (movimiento, visión, oído...), y, por tanto, a largo plazo todos tendremos alguna discapacidad. Hemos de tener también en cuenta las ”discapacidades” propias de los niños, embarazadas, personas accidentadas o de baja estatura, y otros colectivos que, de forma temporal o permanente, no poseen las mismas capacidades físicas que la media de los adultos.