lunes, 10 de abril de 2017

¿QUÉ ES MUSEOLOGÍA COMUNITARIA?


 Alguien un día mencionó que la nueva museología se había convertido en una “vieja dama”. Ocurrió a mediados de los años 90, hace casi 30años, desde que el mundo de los museos se vio sacudido por iniciativas progresistas, con la aparición de profesionales que lucharon con el fin de crear mejores condiciones para que las comunidades locales tomaran control de su futuro trabajando y comprometiéndose con el patrimonio. Los ecomuseos, museos comunitarios y museos locales se han multiplicado desde entonces en países como Francia, Canadá, España, Portugal y México. Eran y son instituciones con sus propias especificaciones, pero tenían algo en común: el concepto de museo integral adoptado en la Mesa Redonda de Santiago de Chile de 1972; una visión política basada en enfoques de base y desarrollo comunitario.


El brasileño Paulo Freire, con su espíritu educador, abogaba por la concienciación de los hombres, mucho antes de que se desarrollara el concepto de empoderamiento en el mundo de habla inglesa. En 1984, una serie de personas relacionadas con estas iniciativas se reunieron en Quebec, y ahí fue donde nació el Movimiento por una Nueva Museología (MINOM). Otros, como Hugues de Varine, también desempeñaron un papel crucial en el conocimiento y difusión de la museología comunitaria. Hoy en día, tanto en el mundo latino como en otros muchos lugares, siguen creciendo y desarrollándose diversas formas de museología comunitaria. Unos cuantos se volvieron conservadores en su revolución, otros llevaron el nombre pero no la esencia, y algunos empujaron los límites de la nueva museología. Un mundo complejo fue tomando forma a medida que surgían nuevas iniciativas e ideas.
La idea de considerar la nueva museología como “la vieja dama”, pretendía dar a entender que se había convertido en algo que era necesario renovar. Al mismo tiempo, el tono crítico en esta denominación partía del hecho de que varias profesionales de los museos, que no se alineaban directamente con la nueva museología, compartían también muchos de los puntos de vista del movimiento comunitario. En las últimas décadas ha habido un profundo cambio en el mundo de los museos con relación a la nueva museología. Mucho ha cambiado desde los años 70. 
En 1992, la Declaración de Caracas reclamó el reconocimiento de los museos como medios de comunicación al servicio de las comunidades. Se propuso entonces que los museos se convirtieran en administradores sociales, trabajando con las comunidades para transformar la realidad de las mismas. Tres años más tarde, una publicación en Brasil planteó la polémica sobre la repercusión de esta reunión y de alguna otra más, incluida la Mesa Redonda de Santiago de 1972. Se afirmaba que, a pesar de que las ideas sobre las que se basó la nueva museología eran muy importantes, en la teoría museológica se habían producido muy pocos cambios respecto a la práctica cotidiana de los museos tradicionales.

Aquella publicación brasileña anticipó el gran punto de inflexión en las relaciones entre los museos y la sociedad. Hacia finales de los años 90, muchas fuerzas contribuyeron a la apertura de un nuevo capítulo acerca de la participación de la sociedad en los museos. La agenda de desarrollo sostenible, las políticas de inclusión social en el Reino Unido, el fortalecimiento de los movimientos de emancipación (como los movimientos indígenas en América del Norte) y el creciente multiculturalismo en los países europeos, impulsaron una nueva era de transformaciones en los museos. Un nuevo modelo de participación comenzó a centrarse en las relaciones entre los museos y sus múltiples (algunos nuevos) interesados.

Estos cambios trajeron como consecuencia que los llamados museos tradicionales (un antagonismo introducido por los nuevos museólogos) compartieran muchas de las preocupaciones de la nueva museología. En diferentes partes del mundo, a las diversas formas de interactuar con la sociedad se añadieron nuevas oportunidades de utilizar el patrimonio como recurso y como herramienta para comprender y transformar el mundo. En los círculos de habla inglesa en Europa, esto se suele denominar “new museology” también. El término fue acuñado por Peter Vergo en 1989, y desde entonces ha sido ampliamente utilizado en referencia a la práctica crítica en los museos, y lo que implica el trabajo con las comunidades.

Llegados a este punto, es importante señalar que nosotros creemos que la nuevas museologías “latina” y “británica” no se refieren a lo mismo. Aunque a menudo se confunden entre sí, tienen enfoques fundamentalmente diferentes para el desarrollo social. Sin embargo, ambos son parte del mismo intento de llevar a los museos a una época de mayor democratización de las herramientas museológicas y de los procesos de puesta en valor del patrimonio. Hay mucho que aprender en el diálogo.
En el nuevo milenio, los cambios continúan ocurriendo. Los movimientos sociales, por ejemplo, se apropian de las herramientas del patrimonio. Los modos de organizar en red el conocimiento y su acción en la sociedad influyen profundamente en los museos. De la misma manera, los modos y medios de la nueva museología “latina” se están desarrollando con el tiempo. La creciente movilidad humana, la inmigración y la diversidad cultural, entre otras, representan fuerzas fundamentales del cambio. Los tipos “clásicos” de nuevos museos, como el ecomuseo, se multiplicaron en las zonas rurales, no en los ambientes urbanos. Se centraban en el concepto de comunidades limitadas por la localidad, en el desarrollo local y en el territorio. Pero, ¿qué sucede cuando las sociedades se vuelven globales, cuando el territorio se vuelve más fragmentado y cambia rápidamente? ¿Qué sucede cuando el concepto de comunidad y la organización de la acción social toman otras formas? ¿Qué sucede cuando lo que convierte principalmente a un grupo de personas en una comunidad no es su experiencia compartida en el territorio, sino su condición compartida en la sociedad, como en el caso de las minorías? ¿Qué pasa cuando lo que impulsa a la gente a la acción es fundamentalmente el deseo de proponer un nuevo proyecto de sociedad, como ocurre con los movimientos sociales, muchas veces operando en redes?
¿Sigue siendo relevante actualmente la nueva museología? Creemos que sí. Los ecomuseos y los museos comunitarios crecen y se multiplican. En algunos casos, como mencionábamos antes, llevan el nombre pero no su esencia. Sin embargo en muchos lugares continúan esforzándose por darle importancia a la comunidad y se trabaja duro por el desarrollo local. No están parados, se están desarrollando nuevos enfoques que se adapten a los imperativos del siglo XXI. Además, se siguen poniendo a prueba otros medios para trabajar con el patrimonio y el desarrollo.

Un movimiento muy importante es la conceptualización de la sociomuseología, campo de investigación y de práctica, que se basa en las experiencias y principios de la nueva museología “latina”. La sociomuseología puede ser vista como el resultado de la madurez de la nueva museología. Se trata del estudio del papel social de los museos y del patrimonio, así como de las condiciones cambiantes de la sociedad que enmarcan sus trayectorias. La sociomuseología es una forma de entender los museos y el patrimonio y una forma de actuar sobre el mundo. Se podría decir que asume la filosofía de la nueva museología para llevarla a un contexto más amplio. Esto es posible porque creemos que las soluciones propuestas por la nueva museología han sido, sobre todo, intentos de responder a los problemas y condiciones existentes; significa que sus formas y métodos son secundarios con relación a sus metas y principios. En otras palabras: la sociedad es la que protagoniza los cambios en la museología: la museología es de las personas.

Hoy en día, el concepto de sociomuseología se está expandiendo geográficamente. Tres importantes puertas de entrada son la Universidad Lusófona de Humanidades y Tecnología en Portugal, el MINOM Internacional y el Instituto Brasileño de Museos. También la Academia Reinwardt, y la facultad de Patrimonio Cultural de la Escuela de Artes de Amsterdam. Todas estas instituciones formativas tienen un papel fundamental en el pensamiento de la nueva museología y sociomuseología “latina”, pensamiento que nosotros compartimos con relación a la renovación de las prácticas y enfoques del museo-sociedad.
(POR EVEMUSEOGRAFIA)

TURISMO CULTURAL COMO HERRAMIENTA DE DESARROLLO LOCAL

El Turismo Cultural incorpora aspectos culturales, sociales y económicos en su oferta y demanda de bienes y servicios. Persigue rentabilizar económica y socialmente el espacio local o lugar donde se desarrolla.
Busca desarrollar actividades turísticas que permitan al visitante acercarse y comprender culturas distintas.  
Los productos turísticos destacan por su fuerte vínculo con la  comunidad local, ya que los habitantes y sus modos de vida son el atractivo diferenciador. Este es el sello que hace que un lugar se agradable y ÚNICO para visitar.  

ATENCION y GUIADO DE TURISTAS; PROGRAMA GUÍAS TURISMO GENERAL

En términos generales la actividad turística a nivel mundial sigue su ritmo de  crecimiento lo que implica que  el desarrollo de  las empresas turísticas va en consonancia con él, así el recurso humano ligado a la  actividad mantiene la misma tendencia.
Los profesionales ligados a las agencias de viajes, según sea su especialidad, buscan la formación y especialización con la idea de ofrecer cada día un mejor servicio,  en este caso el Guía de Turismo General  debe fortalecer sus conocimientos debido a los diversos atractivos y actividades que constantemente aparecen en el mercado.

LA CULTURA COMO PRAXIS (Por: Zygmunt Bauman)

La reimpresión de un libro aparecido hace tres décadas exige una explicación. Y si resulta que el autor todavía está viva, esa tarea explicativa recae sobre él. La primera parte de esta tarea consiste en averiguar, después de todos estos años, qué aspectos del libro continúan siendo lo suficientemente innovadores y significativos como para justificar que se vuelvan a ofrecer a los lectores, unos lectores una o dos generaciones más jóvenes que los que pudieron haber leído el libro cuando se publicó originalmente y, por tanto, distintos a ellos. La segunda parte es opuesta y complementaria a la primera: se trata de ponderar qué es lo que el autor habría cambiado en el texto si lo hubiese escrito ahora por primera vez.
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ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR O ¿CÓMO HACER HOY UNA BUENA HISTORIA CRITICA? (Por: Carlos Antonio Aguirre Rojas)

Qué HISTORIA HAY QUE CONSTRUIR y enseñar a principios del siglo XXI?. ¿Es la historia un ejercicio intelectual y profesional que constituye una verdadera necesidad y urgencia para la comprensión, interpretación y explicación de un mundo en crisis?. ¿Y es todavía útil e importante prender y enseñar historia, en el mundo globalizado de hoy, y dentro del  vertiginoso proceso de vaciamiento de la subjetividad que ahora vivimos?.  ¿Tiene sentido que una persona dedique su tiempo y su vida a un quehacer que en la mayoría de los casos no requiere, supuestamente, de ninguna formación profesional y/o académica?.