viernes, 27 de noviembre de 2015

EL TURISMO RURAL COMO PROMOTOR DEL EMPLEO Y LAS MICRO ECONOMIAS EN EL DESARROLLO TERRITORIAL RURAL


En contraste con la concentración, el anonimato, la rapidez de los cambios, la ausencia de los valores de referencia que simbolizan las grandes urbanizaciones; los ciudadanos consideran cada vez más al espacio rural como una reserva de riquezas naturales fundamentales y de estructuras sociales de apoyo.

Al mismo tiempo, la cambiante evolución de la economía sectorial y global impulsan a los productores rurales a la búsqueda de estrategias adaptativas obligándolos a una nueva transformación socioproductiva y espacial, producto de las restricciones del modelo agroeconómico anterior. En consecuencia, el Turismo constituye una estrategia de diversificación de ingresos para comunidades rurales y un eje táctico para el Desarrollo Territorial Rural.

I.        El Desarrollo Territorial Rural como marco de referencia.

El enfoque incorporado recientemente por diversas agencias multilaterales (BID, BM, FIDA, IICA) sobre el desarrollo rural está dirigido al concepto de Desarrollo Territorial Rural; que se caracteriza como la transformación productiva e institucional de un espacio rural determinado con el fin de mejorar las condiciones y calidad de vida de sus habitantes y reducir la pobreza rural.

La transformación productiva tiene el propósito de articular competitiva y sustentablemente la economía de un territorio a mercados dinámicos externos a él. El desarrollo institucional está dirigido a estimular y facilitar la interacción y la concertación entre los actores locales entre sí, y entre ellos y los actores externos relevantes; incrementando las oportunidades para que la población participe del proceso y de sus beneficios.

El Desarrollo Territorial Rural procura eludir la equivalencia de “rural igual agropecuario”, focalizando el proceso de desarrollo en el protagonismo de los actores locales y en sus capacidades de superación. Para su logro enfatiza los vínculos  con  mercados  dinámicos,  con  la  innovación  tecnológica,  con  la capacidad para reformas institucionales, con la descentralización y la “gobernancia” local, y con la concertación social intersectorial público - privada.

En consecuencia, el Desarrollo Territorial Rural supone la capacidad de incrementar la competitividad sistémica de un territorio priorizando el aumento del conocimiento y del avance y la gestión tecnológica.

En el modelo, la demanda externa al territorio opera como motor central de las transformaciones, y los vínculos urbano - rurales sostienen el desarrollo de las actividades agrícolas y no agrícolas. El papel del desarrollo institucional local lleva a  tomar  al  territorio  no  como  un  espacio  físico  sino  como  un  conjunto  de relaciones sociales originarias de una identidad explícita con un propósito compartido por múltiples agentes públicos y privados.

La naturaleza del negocio del Turismo Rural permite constituirlo en versátil instrumento para el Desarrollo Territorial Rural, en la medida que exige la participación de diversos agentes de una región y sistematiza conocimientos locales orientándolos a la generación de valor. Por esa razón, el Turismo Rural viene aplicándose en varios parajes como expresión práctica articuladora de soluciones para problemas económicos y laborales al amparo de un renovado vínculo urbano – rural dinamizador del mercado.

Desde los Organismos Internacionales y las Agencias de Cooperación la visión del desarrollo rural sostenible incorpora la noción de territorio en su dimensión social con un criterio progresivamente “rurbano“. Dicha visión, al materializarse en propuestas alternativas debe elegir entre tres opciones: más Agricultura, Empleo Rural No Agrícola o Migración. El Empleo Rural No Agrícola resulta el ámbito conceptual donde el Turismo Rural encuentra su aplicación, solucionando las oportunidades de ingresos y empleos que las otras opciones no alcanzan a satisfacer.

II.       La Promoción del Empleo y de las Microeconomías” a través del
Turismo Rural

Progresivamente el medio rural sufre procesos sociales y económicos que alteran su fisonomía, la organización de la producción y su aporte a la generación del producto nacional, regional y local, así como el comportamiento de la población rural.

Estos fenómenos se caracterizan por la migración de importantes sectores poblacionales desde las áreas rurales dispersas hacia los centros urbanos, desde hace varias décadas y acentuados en los últimos veinte años por la necesidad de incrementar las escalas de producción para integrar cadenas competitivas o abandonar la actividad y su forma de vida. Más recientemente, la crisis económica y  el  endeudamiento  de  los  empresarios  y  familias  rurales  han  agudizado  la pérdida de oportunidades laborales en el medio rural en actividades directamente vinculadas con la agropecuaria.

En cifras estadísticas generales, más de la mitad de los ingresos de las familias rurales y los empleos rurales de sus integrantes no provienen al presente de actividades agropecuarias directas, aunque en muchos casos sí de servicios y asistencia a la producción agropecuaria o procesos agroindustriales y de acondicionamiento, transporte y mercadeo.

Esta situación muestra dos realidades y desafíos diferentes. Por un lado la importancia clave que mantiene el sector agropecuario como motor y plataforma para el desarrollo del territorio rural,  y por otro una nueva articulación de la producción y de las unidades empresariales y familiares que se expresan en cadenas productivas sobre un territorio determinado.

Los conceptos entonces que obligan a revisar la estrategia de desarrollo rural y equilibrios territoriales en materia de oportunidades para la población, son los de “nueva agricultura” y “nueva ruralidad”.

El combate a la pobreza rural y a la exclusión de los trabajadores rurales, productores familiares, mujeres y jóvenes rurales, pasa entre otras cosas por reconocer que hoy existe la necesidad de trabajar con población rural - en el más estricto sentido de la definición - en los centros urbanos; y al mismo tiempo entender que gran parte del empleo de la familia rural no provendrá directamente de la actividad agropecuaria.

Se requiere la definición de estrategias e instrumentos de desarrollo incluyentes de las micro y pequeñas economías en procesos económicos mayores, en cadenas o matrices agroindustriales y de servicios competitivas organizadas en una localidad o región; lo cual constituye una forma de intervención desde el Estado junto a la Sociedad Civil, con carácter de inversión social respecto de la nueva realidad emergente de varias cadas de cambios tecnológicos, de mercado, de comunicaciones, económicos y sociales que han afectado al medio rural, preservando aún sus raíces, habilidades, destrezas y pautas culturales.

III.        Un  enfoque  operativo:  la  producción  artesanal  rural  en  el  turismo local

Una actividad de amplio consenso por su capacidad transformadora de la realidad socio económica de una localidad rural, por la generación de puestos de trabajo directos e indirectos, por los recursos que moviliza y por el ingreso de divisas inmediatas, es la producción artesanal vinculada a la cadena de valor del Turismo Rural.

Un sector artesanal competitivo en el Turismo Rural es estratégico, puesto que en sus diversas expresiones, la mano de obra artesanal ofrece productos típicos de la cultura regional y local en el área de la gastronomía, de los tejidos (lana y fibras vegetales),  de  la  herboristería,  la  floricultura,  los  fitoterapéuticos,  la  madera (piezas artísticas y muebles), la talabartería y marroquinería, el trabajo en hueso, la cerámica, por mencionar algunos ejemplos.

Estas diferentes formas y productos artesanales aumentan el contenido de productos turísticos específicos de acuerdo a la segmentación del mercado. Así es que existe una oferta artesanal para el turismo cultural e histórico, otra para el agro turismo, o para el turismo ecológico, para el turismo deportivo, entre otros.

Particularmente el área gastronómica requiere de una calidad definida dentro de la “artesanalidad” como condición para caracterizar un producto, fundamentalmente respecto de la inocuidad de los alimentos, los protocolos de preparación y procesos productivos naturales, el envasado y la distribución. El recurso  gastronómico  complementa  -  como  manufactura  o  artesanía    el contenido histórico cultural de una localidad o región, exponiendo su proceso productivo e ingredientes, con la posibilidad de certificar el origen de los mismos.

Los restoranes, posadas y hoteles, estancias turísticas y centros recreativos, así como los propios productores dispersos en puestos ubicados sobre rutas y caminos en centros poblados, pueden ofrecer productos bajo normas de higiene, calidad e inocuidad aseguradas para el consumo directo, sin perder la originalidad del proceso artesanal.

Esta  aplicación  tiene  un  carácter  transformador  de  la  ruralidad  integrando  la familia rural a actividades no exclusivamente agropecuarias, que les permiten utilizar habilidades y destrezas, conocimientos y cultura apoyadas en sus raíces, elaborando productos con ingredientes procedentes directamente de los establecimientos o la localidad.

IVI.     De  la  teoría  a  la  práctica:  nuevos  empleos  en  micro  y  pequeñas empresas

El resultado del Turismo Rural como instrumento del Desarrollo Territorial Rural es el surgimiento de Micro y Pequeñas Empresas, provocando la creación de nuevos empleos y mejorando la distribución del ingreso.

Este  entramado económico  requiere  tres  elementos  participantes: emprendedores, financiamiento y recursos humanos calificados, convergentes en una política de mercadotecnia sin fisuras.


Como el génesis de un destino obedece a diferentes razones, entre otros la existencia de actividades, eventos, fechas y demás otorgando referencia a diferentes sitios, como condición previa para la sustentabilidad del alojamiento y la gastronomía local; los circuitos turísticos rurales requieren un abordaje según nichos de negocios, insertos  en  proyectos  comerciales  liderados  por  agentes privados. El rol público debe enfatizar fundamentalmente aspectos de infraestructura, logística, organización, calidad y promoción.

El estímulo a proyectos de circuitos turísticos rurales no pasa por una alta demanda en inversiones sino por el apoyo en la articulación de ideas y la vinculación de actividades en el tiempo y en el espacio territorial y social, dirigido a la formación de una oferta estructurada, flexible, variada y profesionalizada.

Esta visión prioriza la expansión de micro y pequeñas empresas participantes de una trama de servicios locales sustentadores del negocio turístico. El desarrollo empresarial comprende unidades identificadas con cada paraje, subsidiarias de programas a medida de los intereses y demandas del segmento de público al que se procura captar y atraer.

En definitiva, el Turismo Rural representa en el Desarrollo Territorial Rural una corriente de negocios - en productos y servicios - capaz de causar un efecto persistente en la movilidad laboral y en la captación de rentas urbanas. Pone así en marcha una cadena de valor de las que se benefician las propias materias primas de la zona y fundamentalmente, el valor del tiempo y conocimiento de sus habitantes.

Por: 
Gonzalo A. FREIRÍA CARBALLO

Los nuevos planteamientos de la gestión del patrimonio cultural en el ámbito urbano: planes estratégicos y distritos culturales

Introducción
En la actualidad, las tendencias emergentes de la gestión del patrimonio cultural no se  circunscriben únicamente al ámbito de los bienes culturales singularmente considerados, sino que tienen también una importante presencia en grandes ciudades y asentamientos urbanos y rurales que han diseñado diversas estrategias de renovación de su imagen mediante lo que se denomina la gestión creativa del patrimonio y la conexión de ésta con otras actividades culturales y económicas que, en su conjunto, aportan una nueva
dimensión cultural, identitaria y económica a la ciudad y su territorio.

En todos los casos, el patrimonio pasa de estar concebido como un conjunto de elementos de valor artístico, histórico, cultural, etc., variable, que deben ser protegidos, a convertirse en un factor clave para dinamizar y potenciar el desarrollo de ciudades y territorios.  

En este artículo vamos a tratar la relación que se establece entre gestión del patrimonio y aprovechamiento productivo del mismo en el ámbito de la ciudad, contemplando especialmente como patrimonio y creatividad se han unido de cara a resituar a las ciudades en el panorama internacional mediante la puesta en marcha de diversos planes y programas que se encaminan, por una parte, a situar a la cultura y el patrimonio como sectores clave del desarrollo económico y social y, por otra, a redefinir o crear una imagen de marca de la ciudad. Imagen de marca que se identifica con su capital simbólico y en la que el patrimonio ocupa un lugar primordial al actuar como signo de identidad y reclamo publicitario de la misma. Entre este tipo de estrategias destacaremos el concepto de cluster y los planes estratégicos que han puesto en marcha diversas ciudades analizando el papel, protagonista o secundario, que adopta el patrimonio en los mismos. 

Características generales y objetivos de la gestión del patrimonio cultural

La gestión del patrimonio se enmarca en el contexto más amplio de la gestión cultural cuyos orígenes pueden situarse en un periodo comprendido entre finales de los ochenta y principios de los noventa, en el que se desarrollan los servicios culturales municipales y estabilizan los equipos de gestión. Desde entonces hasta ahora, la actividad cultural se ha especializado y profesionalizado y los planteamientos socioculturales de la misma se relacionan especialmente con el territorio, el patrimonio, la economía, la comunicación, la producción artística y el apoyo a la creación. A grandes rasgos, podemos considerar que estas áreas y su interrelación se han convertido también en cuestiones prioritarias de la actual gestión del patrimonio cultural que, lejos de centrarse en los bienes culturales en sí mismos, presta también una especial atención a cuestiones como la comunicación, la relación entre el legado cultural y la cultura contemporánea, el marketing y la creación de nuevos productos y servicios de consumo, la atracción del turismo en sus diversas tipologías y variantes, etc. 

Los postulados de la gestión del patrimonio, al margen de las características concretas de los proyectos y modelos a los que dan lugar, se enmarcan, pues, en el concepto más amplio de valorización del patrimonio en términos de eficiencia tanto económica como social. Desde un punto de vista más amplio que la simple proyección del patrimonio en el mercado, y más cercano a la filosofía tutelar, ello supone dos cambios fundamentales: la consideración del patrimonio como recurso económico de naturaleza productiva y la gestión mixta, público-privada del mismo. La valorización y gestión del patrimonio y su contextualización en el marco más amplio del resto de las políticas culturales, sobrepasa así el límite de la tutela que, normalmente, se ha situado al margen del mercado y de la economía y, por lo tanto, se ha proyectado no hacia el mercado de los consumidores, sino hacia un universo de usuarios indefinido y abstracto, la sociedad en su conjunto, en  el que se incluyen incluso las generaciones futuras. Frente a este universo de usuarios que abarca a toda la sociedad, en el sentido más amplio posible, la gestión del patrimonio cultural es finalista y debe diseñarse en función de una determinada tipología de usuarios, aunque ésta sea potencialmente muy amplia y heterogénea. Así lo expresan claramente las Bases para una Carta de Patrimonio y Desarrollo en
Andalucía en su principio sexto: 

“Es necesario conocer para quiénes y de qué modo es importante el patrimonio. Toda reflexión sobre el patrimonio debe tener bien presente su polivalencia. Saber quiénes usan el patrimonio y qué partido sacan de él es fundamental para ordenar esta utilización y asegurar su provecho futuro. Además, un bien patrimonial puede tener distintos tipos de usos compatibles. Así, tan importante como un buen inventario de
recursos sobre el patrimonio es una relación de usos y usuarios, actuales y posibles, del mismo”

El estudio del mercado de los usuarios del patrimonio y la función que éste desempeña como motor económico, se han convertido pues en dos factores claves de su gestión. 

Como indica Marcelo Martín, la actual gestión del patrimonio debe preocuparse por: “potenciar, facilitar, promover, editar, estudiar, elaborar, diseñar y hacer accesible”, así como por “convertir al sector marginal en estratégico, pasar del conservacionismo a la adaptabilidad, de lo sectorial a lo global, del freno al motor, del control jerárquico a lo subsidiario, de la coerción a la participación, de gastar a invertir, de la lamentación a la formación de nuevos profesionales y de ser el patrimonio un recurso improductivo a uno productivo”

 La finalidad última de este conjunto de acciones y herramientas será transmitir un mensaje positivo sobre los valores de los bienes culturales y su utilidad para los ciudadanos y los visitantes, mensaje que va más allá de la difusión o concienciación, para dotar al patrimonio de unas potencialidades hasta ahora poco visibles, así su capacidad para mejorar la cohesión social, su dimensión económica y productiva, su idoneidad como eje vertebrador del territorio, su potencialidad para atraer nuevas inversiones y mejorar la distribución de recursos y equipamientos, etc. Estos objetivos han sido muy bien resumidos por Piselli, para quien la valorización y gestión del patrimonio tienen como fin, en definitiva, hacerlo útil para el uso y disfrute de los
individuos, convirtiéndolo en un “productor de cultura, gustos y crecimiento cívico”

Resultado de la heterogeneidad de estos objetivos, de la interrelación positiva entre patrimonio y otras políticas culturales, y de esta situación de su gestión a medio camino entre la protección, la difusión y el desarrollo, es la gran variedad de modelos de gestión del patrimonio cultural existentes en la actualidad. Sin embargo, pueden destacarse determinados objetivos comunes de los mismos que nos ayudan a enmarcar las
características de la gestión del patrimonio en la ciudad, objeto de este artículo: 

  • Conseguir una organización del patrimonio que permita su conservación y   acrecentamiento, por una parte, y su puesta en valor social y económica, por otra, mediante modelos de gestión y protección más flexibles que los establecidos por el marco jurídico que regula a los bienes culturales formalmente declarados.
  • Establecer nuevos vínculos entre patrimonio cultural y economía mediante la creación de marcos alternativos de referencia que estudian y miden, a través de diversos indicadores, la relación entre ambos.
  • Promover la cooperación entre los múltiples agentes que confluyen en las diversas acciones que se realizan en torno a los bienes culturales, estableciendo vínculos con la iniciativa privada y concediéndole un protagonismo fundamental en la gestión de los mismos.
  • Incentivar la participación ciudadana, la cohesión social y la integración de los colectivos más desfavorecidos en los procesos de interpretación y puesta en valor del patrimonio.
  • Identificar nuevos recursos patrimoniales y sacar el máximo provecho del carácter plural del patrimonio mediante programas y planes que implican tanto su protección efectiva como su rentabilización económica y cultural. 
  • Introducir en la difusión y gestión del patrimonio las nuevas tendencias culturales y de consumo de la sociedad lo cual se basa, en buena medida, en el empleo de herramientas, por ejemplo las nuevas tecnologías, que conectan al patrimonio como herencia del pasado con los gustos e intereses de la sociedad del presente.
  • Poner en valor el patrimonio desde el punto de vista económico contemplándolo como motor de desarrollo de otros sectores de la economía de la ciudad y del territorio. 
  • Formular nuevas metodologías de planificación integrada de las que se derivan criterios de tipo normativo, recomendaciones, herramientas de actuación, etc.
La gestión cultural en la ciudad 
    Las nuevas tendencias de la gestión del patrimonio tienen en el ámbito de la ciudad un marco privilegiado para su análisis, ya que la evolución de sus criterios es el reflejo, no sólo de las nuevas instrumentalizaciones a las que han sido sometidos el patrimonio y la cultura para intensificar su dimensión presente y su valor productivo, sino porque, además, los objetivos que se plantean se corresponden perfectamente con las orientaciones que actualmente rigen el rediseño de la imagen y la proyección de la  ciudad mediante la comercialización y potenciación de sus señas de identidad. En este sentido, las tendencias emergentes de la gestión cultural tienen un nexo común muy destacado: su inextricable relación con la economía de la experiencia. Se trata de una tendencia económica bastante novedosa que afecta de lleno a las nuevas finalidades patrimoniales y consistente en que, ante la saturación de productos y bienes, el consumidor, objetivo final de los nuevos modelos de gestión, busca un nuevo tipo devivencias que se relacionan no ya con la adquisición de productos sino con la experimentación de nuevas sensaciones basadas en valores intangibles. Como indica Ballart, la economía basada en esta nueva pauta de consumo “Consiste en dar una vuelta de tuerca más que conduce del industrialismo puro y duro (producción de bienes básicos) a una sociedad postindustrial que inventa, no ya servicios cada vez más sofisticados y con mayor valor añadido, sino que además redescubre el valor de lo intangible bajo la forma de ofertas que buscan proporcionar a la gente nada menos que experiencias personales, intelectuales y sensoriales con las que vivir de forma más plena y estimulante la vida”

    El patrimonio cultural de las ciudades y los servicios terciarios relacionados con el mismo, que proporcionan en parte esos productos con valor añadido y ese tipo de vivencias al consumidor cultural, se convierten así en factores determinantes para la diferenciación e identificación de las ciudades y en un aspecto clave de la diversificación económica de las mismas. Consecuentemente, el sector cultural ha ideado un sinfín de productos y programas, para el ciudadano y el visitante, del que se extraen importantes beneficios económicos y que se renueva constantemente debido alcarácter multifacetado de la cultura y las oportunidades que sus componentes proporcionan para crear nuevas ideas e iniciativas de desarrollo. La puesta en valor del patrimonio en la ciudad, como protagonista o marco y escenario de estas actividades, tiene un papel cada vez más destacado y demandado. Por ello, muchos gobiernos municipales desarrollan en la actualidad un papel dinamizador creando relaciones y redes horizontales de participación de distintas administraciones, organizaciones ciudadanas, empresas, consorcios, convenios, etc., con los que se pretende tanto encontrar nuevos aliados para la financiación de la conservación y reutilización productiva del patrimonio como para la creación de nuevas ofertas culturales que generen riqueza, por ejemplo, mediante la atracción del turismo. Un buen ejemplo de ello, como veremos, lo encontramos en los distritos culturales y planes estratégicos que han diseñado diversas ciudades para situar a la cultura como eje fundamental del desarrollo y futuro crecimiento de la misma. Se abren así nuevas posibilidades para la
    utilización del patrimonio y se multiplican los actores que intervienen en su gestión, sin embargo, ello no debería conllevar necesariamente una pérdida de competencias para las administraciones. Al contrario, su papel debería verse reforzado al actuar las mismas como aglutinante o intermediario de esos nuevos agentes e intereses y, lo que es más importante, al ser ellas las garantes, aunque no siempre ofrezcan esta garantía, del carácter público y la conservación y difusión del patrimonio. Insistimos, por lo tanto, en que las nuevas iniciativas de gestión que se llevan a cabo deben estar tuteladas por los poderes públicos que, además, están también obligados a armonizar la conservación y  rentabilización del patrimonio y a ambas acciones con los nuevos usos y significados  que la sociedad demanda, cada vez más, de los bienes culturales y de la cultura en general. Entre ellos habría que destacar, además de la generación de riqueza mediante la atracción del turismo y todo tipo de inversiones, los que los asocian con la salvaguardia de la diversidad cultural y la identidad de los diversos colectivos que conviven en la ciudad, con el diálogo democrático y el pluralismo y con un acceso a los contenidos culturales y patrimoniales que esté guiado por valores como la educación, la calidad, la igualdad social y la universalidad. 

    El patrimonio cultural en los planes estratégicos de las ciudades

    Una de las herramientas más novedosas con las que las administraciones municipales se han dotado para intentar responder de forma unitaria a estas demandas sobre el patrimonio y la cultura ha sido la puesta en marcha de planes estratégicos, y especialmente planes estratégicos de cultura, que han experimentado un gran auge desde la década de los noventa del siglo pasado. Una de las ventajas de estos planes respecto a
    otras iniciativas sectoriales con objetivos similares, además del amplio consenso social necesario para su puesta en marcha, es la persistencia en el tiempo y la flexibilidad en su aplicación, que, al mirar más allá del horizonte temporal de una legislatura municipal, evita el obstáculo que supone para el desarrollo dinámico de la ciudad el hecho de que con cada cambio de gobierno se alteren los proyectos en marcha y se cambien los valores que soportan la estrategia de la ciudad. 
      
    • “Un plan estratégico es un proceso de reflexión por parte del conjunto de agentes que  forman una ciudad mediante el que definen cuál es el futuro que desean para su ciudad,   las bases sobre las que se sustentará ese futuro y las estrategias y proyectos concretos a ejecutar a lo largo del horizonte temporal para el que se ha definido”  
    • “Los planes estratégicos de cultura de las ciudades son, en la mayoría de casos, un referente de cómo se percibe la cultura en un determinado territorio, del papel que tiene en el conjunto de las políticas públicas y de la dimensión que el término cultura adquiere en cada caso” 
    Los elementos que configuran un plan estratégico suelen ser los siguientes:
    • Diagnóstico: un examen de la situación actual de la ciudad, necesaria para evaluar las carencias y potencialidades de la misma.
    • Visión estratégica: visión sobre el futuro deseado de la ciudad, que se resume en un conjunto reducido de ideas clave.
    • Líneas estratégicas o estrategias globales: conjunto de líneas de trabajo sobre las que avanzar para conseguir los fines que se han marcado. 
     En la última etapa de la definición estratégica se profundizará en cada una de las líneas estratégicas, identificando proyectos concretos a desarrollar en el marco de cada una, así como proyectos globales con impacto sobre varias o todas ellas. También se sentarán las bases para la continuación del Plan Estratégico, identificando indicadores de seguimiento para cada una de las líneas, así como mecanismos y responsabilidades de los distintos órganos.

    El patrimonio en los planes estratégicos 
    La intervención sobre el patrimonio en los planes estratégicos tiene escalas de aplicación muy diversas que van desde la gestión de un monumento y su entorno singularmente considerados, hasta la ciudad y el territorio, y, por tanto, debe ser concretada según el ámbito al que nos estemos refiriendo. En cualquier caso debemos señalar a priori que, por lo general, en estos planes el patrimonio no suele ser un objetivo diferenciado en sí mismo, ni se corresponde con su caracterización desde un punto de vista normativo, puesto que las actuaciones sobre él se enmarcan en un conjunto de programas que se basan en un concepto de cultura necesariamente amplio al intentar poner en valor el mayor número posible de recursos y cumplir con la finalidad de los mismos: situar a la cultura y a todos sus componentes, de los cuales, insistimos, el patrimonio es simplemente uno más, como motor del desarrollo económico y social de la ciudad.

    Entre los objetivos comunes de los planes estratégicos analizados cabe destacar los siguientes:
    • La rentabilización de la cultura, entendida en un sentido muy amplio, mediante un conjunto de actuaciones interrelacionadas que la sitúan como motor de cambio y desarrollo de la ciudad 
    • La preservación del patrimonio cultural y la integración entre tradición (historia y patrimonio) y creación e innovación. 
    • El fomento del acceso a las nuevas tecnologías o a nuevas formas de creación, producción y consumo cultural y la promoción de las producciones culturales locales, industriales o artesanales, facilitando su comercialización.
    • El desarrollo paralelo de la cultura y el turismo, haciendo accesible física e intelectualmente la primera para los visitantes.
    • La interrelación entre cultura y comunicación y cultura y calidad de vida
    Conclusiones

    El aspecto más destacado de la gestión cultural en el seno de los distritos culturales y los planes estratégicos caracterizados por desarrollar actividades relacionadas con los bienes culturales, aunque no exclusivamente, es que con los mismos se pasa de gestionar el patrimonio urbano atendiendo prácticamente sólo al factor turismo y su movilidad a centrar la atención, especialmente, en el entendimiento de los mismos en un ontexto mucho más amplio en el que patrimonio y cultura sirven como catalizadores de nuevos sectores económicos e industrias culturales y como el punto de encuentro entre la economía, la cultura y la sociedad. En este sentido, la gestión cultural tiende, como ya hemos señalado, a potenciar la interacción existente entre patrimonio y cultura con otros sectores económicos en alza, entre ellos el de las telecomunicaciones, los multimedia, la publicidad, la moda, la construcción, y las actividades de restauración y mecenazgo del patrimonio que llevan a cabo bancos y otras instituciones análogas

    En definitiva, la utilidad de estas herramientas reside en el entendimiento de la ciudad y el patrimonio como un factor de desarrollo económico conducido por los factores culturales, que debe ser gestionado de forma efectiva, por agentes económicos, no económicos e institucionales, combinando la puesta en valor del patrimonio, y su capacidad para generar nuevas industrias y productos culturales, con su conservación. 

    A la luz de las diversas experiencias que hemos contemplado, podemos concluir que la gestión del patrimonio y de la cultura en el ámbito urbano han desarrollado muy ampliamente sus contenidos y objetivos en las últimas décadas para contemplar no sólo la difusión de los valores patrimoniales y culturales mediante diversas actividades sino,  sobre todo, para proponer nuevos proyectos de desarrollo que se centran en la explotación su dimensión económica mediante la creación de nuevos servicios y productos de consumo, por una parte, y la instrumentalización de ambos como imagen de marca de la ciudad de cara a su propia renovación y promoción exterior, por otra. 

    Para llevar a cabo estas nuevas funciones, el patrimonio y la cultura han sido también objeto de técnicas antes ajenas por completo a su mundo, como el marketing estratégico y, en general, de todas las acciones que se derivan de la importancia otorgada a la inversión privada. El renovado interés empresarial por el patrimonio se manifiesta especialmente en la creación de distritos e industrias culturales y también en su
    instrumentalización como puente entre la herencia pasada y la creación contemporánea, tanto cultural como de productos de consumo, la cual ha llevado a una revisión general de los propios valores del patrimonio y a considerar, sobre todo, su dimensión presente.  

    Quizá el mayor inconveniente de estas nuevas orientaciones de la gestión sea que la mayoría de ellas eluden cualquier referencia a la materialidad de los bienes y lo  reorientan en la órbita de la creación de un capital simbólico y una imagen de marca de  la ciudad que, aunque efectivamente contribuyen a su apreciación y mantenimiento, lo hacen sin subrayar suficientemente sus especiales valores y necesidades, lo cual redunda
    en una cierta regresión de la tutela al equiparar el patrimonio a cualquier otro producto cultural o a cualquier otra creación contemporánea que sea distintiva y propia del carácter de la ciudad en cuestión. Por más que el patrimonio tenga una dimensión presente muy importante, y que haya demostrado ser un factor de desarrollo económico, la tendencia a identificar los objetivos de la economía de la cultura, la gestión cultural y la gestión del patrimonio cultural puede llevar a ignorar la especificidad y fragilidad del patrimonio y a situarlo, de cara a su instrumentalización y difusión, en el mismo nivel que la creación contemporánea u otros sectores de la cultura que no poseen ni sus mismos valores, ni dicha fragilidad y connotación de herencia común. Es preciso recordar, por lo tanto, que la difusión y puesta en valor del patrimonio deben insertarse,
    en primer lugar, en el marco general de la tutela y que, en este sentido, no pueden realizarse de la misma manera ni con los mismos instrumentos que se emplean, por poner un ejemplo, para promover la lectura o el acceso a las nuevas tecnologías.
    POR:
    Celia Martínez Yáñez
    Universidad de Granada.





    jueves, 26 de noviembre de 2015

    LAS CUENTAS SATÉLITES DEL TURISMO EN EL PERÚ, AÑO 2013: MUSEOS, RESTOS ARQUEOLÓGICOS Y SITIOS NATURALES DE LAS REGIONES DE AREQUIPA, CUSCO, LAMBAYEQUE Y LA LIBERTAD

    Introducción
    El Observatorio Turístico del Perú es una entidad de la Universidad de San Martín de Porres que viene realizando estudios económicos tendientes a conocer las cuentas satélites de los principales lugares turísticos
    del Perú. Es por ello que se plantea, como objetivo de esta investigación, determinar la riqueza generada en
    el derrotero económico de los museos, restos arqueológicos y sitios naturales en las regiones de Arequipa, Cusco, Lambayeque y La Libertad, independientemente al Producto Interno Bruto (PIB) generado. Asimismo, se establece el grado de ocupabilidad, empleabilidad e información de utilidad para la toma de decisiones.

    Objetivos

    LAS CUENTAS SATÉLITES DEL TURISMO EN EL PERÚ, AÑO 2013: MUSEOS, RESTOS ARQUEOLÓGICOS Y SITIOS NATURALES DE LAS REGIONES DE AREQUIPA, CUSCO, LAMBAYEQUE Y LA LIBERTAD
    • Determinar la riqueza generada en el derrotero económico de las museos, restos arqueológicos y sitios naturales, ubicados en los destinos turísticos de Arequipa, Cusco, Lambayeque y La Libertad.
    • Acopiar información científica necesaria para profundizar el estudio de las cuentas satélites del sector en las regiones turísticas del Perú.
    • Proporcionar los indicadores necesarios para el sector turismo.

    Antecedentes
    Las investigaciones realizadas en el sector turístico, se han enfocado en la demanda, especialmente en los mercados emisores (perfiles) y es inexistente el análisis de la riqueza económica generada entre la demanda  y la oferta turística, la misma que, en este caso, está referida a los museos, restos arqueológicos y sitios naturales. Como consecuencia de ello, el Observatorio Turístico del Perú notó las siguientes deficiencias tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo en el sector:
    • Primera deficiencia. La estandarización de las cifras originadas por la demanda y la oferta turística. Ello lleva a la estimación de promedios, más no a cálculos sistematizados que nos permita saber a ciencia cierta las verdaderas cifras.
    • Segunda deficiencia. Carencia de investigaciones referidas al nivel de riqueza generada y la distribución de la misma (PIB) por estos recursos y su capacidad de generación de trabajo.
    • Tercera deficiencia. La carencia de elementos sumamente finos para cubrir las necesidades de información adecuadas para las autoridades estatales del sector y la de los empresarios privados para contar con una adecuada información en la toma de decisiones de futuras inversiones en el sector turismo.

    Presentaremos brevemente dos casos en los que se ha implementado las cuentas satélites y que apuntan a metodologías similares a las que proponemos en el presente documento:

    Primer caso:
    Chile. El Observatorio de Turismo Regional de Antofagasta, como una forma de contribuir a la caracterización del sector turismo, ha desarrollado la primera Cuenta Satélite de Turismo Regional de Antofagasta (CSTRA) con el fin de aportar datos sobre el impacto que la industria del turismo tiene sobre la economía.
    En 1999 Chile presentó la primera Cuenta Satélite de Turismo (CST) con datos del año 1996, y en el 2007 se presentaron los resultados para el año 2003, la proyección para el 2004 y la estimación para el 2005, mostrando así, que las autoridades a nivel nacional consideran importante el desarrollo de la CST, como herramienta de caracterización y medición del impacto de la actividad sobre la generación de producción y su vinculación con otros sectores de la economía, empleo e ingresos. Hoy en día, la necesidad
    de entender la dinámica del turismo en la economía regional, aportando mejor información para apoyar
    al proceso de decisión a todo nivel, es un punto crucial cuando los recursos son escasos y las necesidades
    de generar un desarrollo sustentable son una prioridad. Por esto el OTRA ha comenzado a desarrollar, en
    base a estadística básica de fuentes secundarias, la primera Cuenta Satélite de Turismo para la Región de
    Antofagasta (CSTRA)
    1
    .
    Segundo caso:
    España. La Cuenta Satélite del Turismo de España (CSTE) está compuesta por un conjunto de cuentas y
    tablas, basadas en los principios metodológicos de la contabilidad nacional, que presenta los distintos
    parámetros económicos del turismo en España, para una fecha de referencia dada. Comprende tres tipos
    de elementos:
    1. 1. Cuentas y tablas de oferta, en las que se trata de caracterizar la estructura de producción y costes de las empresas turísticas.
    2. Tablas de demanda, en las que se trata de caracterizar, desde el punto de vista económico, los diferentes tipos de turistas, el turismo nacional frente al internacional, el tipo de bienes y servicios demandados, etc.
    3. Tablas que interrelacionan la oferta con la demanda, que permiten obtener unas mediciones integradas   de la aportación del turismo a la economía a través de variables macro como el PIB, la producción o el empleo.

    Cabe notar que la Organización Mundial de Turismo (OMT), la Comisión de Comunidades Europeas (EUROSTAT), la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OECD) y la División Mundial de Estadística de las Naciones Unidas, han venido trabajando desde la década de 1970 en el desarrollo de un sistema de medición que permita caracterizar el turismo y hacer comparable esta actividad a nivel mundial, dada la carencia de la contabilización de esta actividad en el Sistema Nacional de Cuentas.

    Marco Teórico
    Marsano (2003), sostiene que el Sistema de Cuentas Nacionales permite elaborar las cuentas que miden la actividad económica en su conjunto a través de la medición del Producto Interno Bruto (PIB). Pero como es
    obvio, no solo se limita a medir este agregado sino que también mide un amplio conjunto de variables que explican la actividad de la producción, el ingreso generado por esta actividad, la distribución de ese ingreso entre los diferentes propietarios de los factores productivos, los gastos de los consumidores intermedios y finales, la producción que se exporta y la que se requiere importar, entre otras importantes variables. Y, una
    vez determinado el ingreso, cuánto es lo que después de consumir queda disponible para el ahorro, y en qué
    instrumentos financieros queda invertido.

    Para efectuar estas mediciones las normas internacionales nos ofrecen una forma de organizar la información
    pudiendo establecer unidades de análisis como los establecimientos e industrias, por un lado, y sectores por
    otro.
    Lo antes mencionado es lo que se denomina el marco central de las cuentas nacionales. Hasta aquí, este esquema en general no modifica el Sistema de las Cuentas Nacionales; sin embargo, teniendo presente los estudios que sobre determinados temas se emprendieron con posterioridad a 1968, como por ejemplo, los realizados sobre los hábitos de consumo de los hogares, el medio ambiente, el turismo, la educación, la salud, el sector público, etc., se consideró necesario aprovechar el concepto de las cuentas satélites para complementar el análisis de las cuentas centrales del PIB.

    Las cuentas o sistemas satélites subrayan generalmente la necesidad de ampliar la capacidad analítica de la contabilidad nacional a determinadas áreas de interés social de una manera flexible y sin distorsionar el sistema contable central de las cuentas nacionales.
    Por lo general, las cuentas satélites permiten:
    1. Proporcionar información adicional de carácter funcional o de entrecruzamiento sectorial sobre determinados aspectos sociales. 
    2. Emplear conceptos complementarios o alternativos, incluida la utilización de clasificaciones y marcos contables complementarios o alternativos, cuando se necesita introducir dimensiones adicionales en el marco conceptual de las cuentas nacionales.
    3. Ampliar la cobertura de los costos y beneficios de las actividades humanas.
    4. Incrementar el análisis de los datos mediante indicadores y agregados necesarios.
    5. Relacionar las fuentes y el análisis de datos físicos con el sistema contable monetario.

    Estas características ponen de manifiesto funciones importantes gracias al análisis de las cuentas satélites.
    Por una parte, las cuentas satélites están relacionadas con el marco central de las Cuentas Nacionales y, a través de ellas, con el cuerpo principal de las estadísticas económicas integradas. Por otro lado, al referirse específicamente a un campo, también están relacionadas con el sistema de información específico de ese tema.
    Asimismo, exigen una mejor integración de los datos monetarios y físicos y, dada su estrecha conexión con
    las Cuentas Nacionales, facilitan el estudio de campos específicos en el contexto de las cuentas y el análisis
    macroeconómico. Las cuentas satélites pueden ayudar en varios campos a concertar entre sí los análisis de
    algunos de ellos; por consiguiente, pueden representar un doble papel como herramientas de investigación y
    como instrumentos de coordinación estadística. 
    Algunos de los análisis complementarios o alternativos pueden modificar directa o indirectamente los principales agregados, como se muestra en la contabilidad central de las Cuentas Nacionales. Un ejemplo de
    modificación directa es cuando se imputan a las Cuentas Nacionales el valor de trabajo en los hogares de las
    amas de casa. Otros agregados experimentan modificaciones indirectas, como el ingreso disponible como consecuencia de imputarse el valor del trabajo de las amas de casa (lo que se denomina renta ficta).
    En general, pueden distinguirse dos tipos de análisis de las cuentas satélites en relación con las cuentas nacionales centrales y la introducción de elementos complementarios que difieren del marco central conceptual (por ejemplo, la identificación de la producción de actividades auxiliares, como el aporte de la industria de  restauración al sector turismo), sin que diverjan sustancialmente de los conceptos sobre los que este se constituye. Estas configuraciones no están basadas ni destacan conceptos alternativos, aun cuando los utilizan de manera complementaria.
    El primer tipo abarca, en su mayor parte, las cuentas específicas de determinados campos, como los gastos
    en enseñanza, turismo y protección del medio ambiente. La introducción de su contenido en el marco central
    de las cuentas podría sobrestimarlo y no sería totalmente confiable; al hacerlo en un marco contable específico, en las cuentas satélites, se incorporan márgenes adicionales de flexibilidad.
    El segundo tipo se basa sustancialmente en conceptos alternativos a los aplicados en el Sistema de Cuentas
    Nacionales. Puede introducirse una frontera de la producción diferente o conceptos ampliados de consumo y formación de capital, o ampliar el ámbito de los activos, o alterar la frontera entre fenómenos económicos y naturales, o situar los vínculos entre el ingreso y la riqueza en el contexto de un concepto más amplio de esta última que incluya los activos naturales, o la riqueza patrimonial producto de la heredad de nuestros antepasados. La utilización de estos conceptos alternativos puede dar lugar a agregados parciales complementarios cuya finalidad es complementar el sistema central.

    Este segundo tipo es evidentemente más controvertido que el primero, pero es importante debido a que permite ampliar los trabajos de Cuentas Nacionales, más allá de lo que se incluye o puede incluirse en el sistema nacional de cuentas; ofrece resultados útiles para el análisis económico pues experimenta con nuevos
    conceptos y metodologías, naturalmente con un margen de libertad mucho mayor que el de los trabajos habituales de Cuentas Nacionales.
    A modo de conclusión, podemos afirmar que hoy disponemos de un sistema flexible de Cuentas Nacionales
    que acepta integrar en ellas las cuentas satélites, permitiéndonos modificar conceptos y agregados finales que
    difieren del marco central pero que son útiles para los análisis particulares.

    Nota metodológica

    Para efectos de la medición del PIB de cada una de las unidades de producción correspondiente, materia del presente estudio, se utilizó el método de la retribución a los factores de producción. Evitando de esta forma distorsiones en la contabilidad de las cuentas agregadas.
    La ventaja que nos otorga este método es el de conocer a ciencia cierta los montos de retribución del PIB generados por cada unidad de producción y su distribución entre los factores mano de obra, capital, retenciones y aportes tributarios al Estado

    Cuentas Satélites de los museos, restos arqueológicos y sitios naturales de las regiones de Arequipa, Cusco, Lambayeque y La Libertad

    Definiciones:
    • El PIB turístico es la unidad de medida monetaria de todos los bienes y servicios finales producidos por el sector turismo, en un período  determinado. En resumen, es la sumatoria de los valores monetarios, del consumo de bienes y servicios finales de extranjeros y nacionales, inversión bruta privada, compra de bienes y servicios por parte del Estado, la inversión bruta estatal

    .
    Matemáticamente, podemos definir el Producto Interno Bruto Turístico, con la siguiente ecuación:

    PIB = C + I + G + X - M

    En donde:
    C              = Consumo de nacionales
    I               = Inversión Privada Bruta
    G             = Gasto público (comprende el gasto en bienes y servicios por parte del Estado, así como la                             inversión pública estatal)
    X             = Exportaciones (consumo turístico de bienes y servicios del receptivo)
    M            = Importaciones (insumos, consumo de bienes importados)

    • Medición PIB turístico. El PIB turístico se puede medir mediante dos metodologías cuyos resultados matemáticos son exactamente iguales:
    1. La primera de ellas es a través de los flujos de productos y servicios finales a precios de mercado ofertados por el turismo.
    2. La segunda, mediante la sumatoria de la retribución al costo de los factores de producción de los agentes económicos que intervienen en el sector turismo.
    • El valor bruto de la producción turística. Indicamos que el PIB turístico no es otra cosa que la producción de bienes y servicios finales en un período determinado, por lo tanto, el PIB no comprende los bienes intermedios, es decir, aquellos que se utilizan para producir el bien o servicio final.
    Sin embargo, en el concepto del valor bruto de la producción, se incluye todo aquello que es vendido por las unidades de producción en forma indiscriminada, sean estos productos y servicios terminados para el consumo o productos que serán utilizados para la producción de nuevos productos o servicios finales.
    En resumen, el PIB turístico es el resultado de la diferencia entre el valor bruto de la producción turística y el total de bienes y servicios intermedios producidos para el turismo.
    Para efectos de la medición del PIB de cada una de las unidades de producción correspondiente a las unidades de atractivos naturales, museos y restos arqueológicos, se utilizó el método de la retribución a los factores de producción. Evitando de esta forma distorsiones en la contabilidad de las Cuentas Nacionales.
    La ventaja que nos otorga este método, es el de conocer a ciencia cierta, los montos de retribución del PIB generados por cada unidad de producción y su distribución entre los factores mano de obra, capital, retenciones y aportes tributarios al Estado

    Indicadores de los museos, restos arqueológicos y sitios naturales de las regiones de Arequipa, Cusco, Lambayeque y La Libertad
    Las investigaciones realizadas acerca de la generación de la riqueza en los museos, restos arqueológicos y sitios naturales, ubicados en las regiones de Arequipa, Cusco, Lambayeque y La Libertad arrojaron los indicadores que se señalan en la Tabla 1.
    Es interesante acotar que los rangos de retribución al factor capital y mano de obra, fluctúan para cada uno de los recursos sujetos a evaluación de conformidad con cada una de las regiones.
    Resultan particularmente interesantes los indicadores que en estas investigaciones se han mostrado independientemente de la generación del PIB, su distribución a los distintos factores de producción, el aporte al PIB de cada una de las regiones objeto de las investigaciones. Entre otros indicadores construidos, podemos señalar la cantidad de puestos formales de trabajo ofertados, la demanda o más propiamente dicho la cantidad de visitas. No deja de ser menos interesante las compras intermedias, requeridas por este tipo de unidades de producción turística, las mismas que sumadas al PIB de cada una de estas, nos dan el valor bruto de la producción. Destacamos la importancia de las compras intermedia, ya que de conformidad con lo señalado en la Tabla 1, estas vienen a constituir dentro de una matriz de insumo producto, que es la que se ha elaborado para la obtención de las cuentas satélites del presente estudio, los montos que constituirían el efecto multiplicador a lo largo de la cadena de producción tanto del consumo como de la inversión.
    Conclusiones
    LAS CUENTAS SATÉLITES DEL TURISMO EN EL PERÚ, AÑO 2013: MUSEOS, RESTOS ARQUEOLÓGICOS Y SITIOS NATURALES DE LAS REGIONES DE AREQUIPA, CUSCO, LAMBAYEQUE Y LA LIBERTAD
    • Estos estudios, permiten analizar las Cuentas Nacionales, en este caso las regionales, a efectos de escudriñar las mismas en la búsqueda de información cuantitativa sumamente fina sin que se vea alterado el marco central de las Cuentas Nacionales y, en el caso específico las Cuentas Regionales. En tal sentido, conducen al cálculo cierto del PIB generado por el sector hotelero y el de restauración. 
    • Al sector estatal, lo ayudan en la utilización de una planificación de naturaleza indicativa, para poder     diseñar políticas de desarrollo acorde con las políticas de Estado para el sector.
    • Al sector privado, le permite el desarrollo de políticas estratégicas de expansión en la inversión.
    • Al sector educación, a través de estas investigaciones, le permite brindar a los futuros profesionales una formación mucho más sólida, dándoles una visión de emprendedores internos y externos ya sea que realicen su ejercicio profesional en forma dependiente o independiente.
    • Este tipo de estudios permite ir estructurando las distintas matrices de insumo-producto para elaborar las cuentas satélites a nivel de cada una de las unidades de producción que intervienen en la cadena productiva de bienes y servicios del sector turismo.

    Referencias
    • Barros de Castro, A. & Lessa, C. (1995). Introducción a la Economía. Un enfoque estructuralista. México: Siglo Veintiuno Editores.
    • Marsano, J. (2003). Economía del Turismo. Lima: Universidad de San Martín de Porres.
    • Monitor (1995). Turismo en el Perú. Lima: Comisión de Promoción del Perú.
    • PromPerú (2011 1a). Perfil del turista extranjero 2010. Lima: Comisión de Promoción del Perú.
    • PromPerú (2011 1b). Perfil del turista nacional 2010. Lima: Comisión de promoción del Perú.
    • Scheel, A. (1980). Organización y gestión contable para hoteles y restaurantes. Bogotá: Universidad Externado.
    Paginas Web consultadas:
    • www.bcrp.gob.pe
    • www.inei.gob.pe
    • www.observatorioturisticodelperu.com
    • http://sites.google.com/site/otraucn/investigacion/cstr

    POR:
    Marcia Adriana Iberico Díaz
    Investigadora del Observatorio Turístico del Perú,
    Universidad de San Martín de Porres, Perú (Región Lambayeque y La Libertad)
    Alejandro Málaga Nuñez-Zeballos
    Investigador del Observatorio Turístico del Perú,
    Universidad de San Martín de Porres, Perú (Región Arequipa)
    José Manuel Enrique Marsano Delgado
    Director del Observatorio Turístico del Perú,
    Universidad de San Martín de Porres, Perú
    María Olivia Pachas Fuentes
    Investigadora del Observatorio Turístico del Perú,
    Universidad de San Martín de Porres, Perú
    José Pazos Miranda
    Investigador del Observatorio Turístico del Perú,
    Universidad de San Martín de Porres, Perú (Región Cusco)