Fue necesario que transcurriera largo tiempo antes de que se
produjera una reacción solidaria de autoridades y organismos con el fin de
conservar los bienes del patrimonio cultural y natural que habían sobrevivido a
las guerras, a la depredación, a los cataclismos naturales o al abandono de los
poderes públicos. Fue la Segunda Guerra Mundial con su inimaginable poder destructivo
la que puso en alerta a los pueblos que sufrieron la desaparición o la ruina de
ciudades enteras y perdieron importantes testimonios de su identidad, no sólo
por la destrucción de sus centros históricos, sino porque junto con ellos
desaparecieron un sinnúmero de bienes inmuebles.
Aparte de los millones de vidas que se perdieron, la desolación de
las ciudades arrasadas afectó a la sociedad entera. Algunos de los países
víctimas de aquel flagelo, que no dejó piedra sobre piedra de sus ciudades más
preciadas, decidieron reconstruirlas, puesto que la vieja identidad de su
pueblo no tenía el sustento material de su memoria. El caso más dramático fue
el de Varsovia. Así mismo, hoy, después de casi 60 años, todavía se reconstruye
Berlín del Este, se buscan los bienes culturales que fueron saqueados durante
la guerra y se trata de devolver las construcciones a sus legítimos
propietarios. Últimamente se han dado casos de restitución especialmente a los
judíos que fueron desposeídos de muchas de sus obras de arte
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