“De
nuestra vida y nuestra cultura no quedará dentro de algunos siglos sino un
vacío misterioso. Nada podremos comunicar al futuro porque nuestro arsenal de
expresiones y medios de transmisión del arte, la cultura y el pensamiento será
devorado por su propia naturaleza efímera.
“Luchar
contra ese destino de nuestra civilización es una empresa difícil y de una
dimensión colosal. Conservar lo fugaz, hacer que perdure lo efímero tiene algo
del encanto del dibujo de animales en movimiento o de la fotografía de cometas.
Es una rebelión del ser humano contra la muerte, intentando congelar el torrente
de la vida”.
Sin
embargo, en estos últimos veinte años algunas cosas han cambiado en la cultura de la
conservación y en la valoración del patrimonio del siglo XX. La labor que han realizado asociaciones como la
Fundación DOCOMOMO, los colegios profesionales o ICOMOS han conseguido difundir
en la sociedad la importancia de ese patrimonio y han propiciado una labor de
documentación, registro y publicación de enorme importancia.
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