A pesar de que los
museos hayan surgido en torno a las colecciones, podemos decir que, actualmente,
su existencia se debe a su interacción con la sociedad en la que están insertados.
Los receptores de este
patrimonio –el público–son quienes definen el sentido y la supervivencia de esas instituciones. Este hecho es especialmente significativo en
el contexto iberoamericano donde, desde la Mesa Redonda de Santiago de Chile,
de 1972, la apuesta por la museología social viene siendo más contundente que
en otras regiones. Reuniendo más de diez
mil museos, que reciben más de cien millones de visitantes al año, el
diferencial del universo de museos iberoamericanos reside en el compromiso con la
educación en su sentido más amplio, en la
valorización de la función social de los museos, en el reconocimiento de que los museos están al servicio de la sociedad y su importante papel en el proceso de democratización y desarrollo
social de la región.
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