Los bienes culturales que formarían parte de este grupo son tan
diversos que están presentes en todas las clasificaciones o tipologías de patrimonio
que podamos establecer: arqueológico, científico, tecnológico, musical, etnográfico,
artístico, industrial… Son obras y objetos realizados en diversos metales: cobre,
estaño, hierro, aluminio, plomo, plata, oro y sus aleaciones, así como objetos de los que los metales
forman parte junto con Otros
materiales. De ahí el interés de preservar este legado en las mejores
condiciones y de transmitirlo al futuro con las mayores garantías de
pervivencia. Por tanto, no se trata sólo de incluir los materiales metálicos musealizados
presentes en colecciones de Instituciones o Museos, sino también aquellos con contenido
inmaterial asociado, obras contemporáneas o los que siguen desempeñando el uso
originario, con especial referencia a los que integran el Patrimonio Religioso Es
necesario, pues, contar con un conjunto de criterios que ayuden a articular de
manera ordenada y con plena justificación las acciones de conservación y
restauración realizadas sobre este patrimonio. Una tarea no exenta de
complejidad puesto que los metales, por su propia naturaleza derivan hacia su estado original, más estable, mediante procesos
de oxidación –corrosión- que los transforman en el mineral del que proceden. Este
proceso afecta no sólo a su materia constitutiva original, sino también a sus valores
estéticos y compromete su propia existencia futura.
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