Todos los seres vivos deben
alimentarse para poder sobrevivir y es así como comer se ha vuelto un acto
vital en el comportamiento de los seres humanos. Con la aparición del fuego la comida se hizo
más compleja y se fueron elaborando platos más complejos en función de los alimentos
disponibles según las estaciones del año. Se comenzó distinguiendo a los platos
cotidianos de aquellos reservados para ocasiones especiales lo cual con el
tiempo llevó a que se distinguieran hábitos alimenticios diferenciados entre
diferentes culturas y grupos sociales.
Se comenzó a distinguir entre una comida de
los campesinos y otra de las elites sociales, siendo las primeras las que se
adaptaron mejor al medio y sufrieron escasas modificaciones con el tiempo. En
el caso de los grupos que dada su situación económica podían variar su alimentación
con productos provenientes de lugares distantes las modificaciones fueron más notorias
con el paso del tiempo. En este caso fue relevante la forma de presentar la
comida y los modales de la mesa […] la comida no es buena sólo para comer y
pensar (en la adjetivación materialista y estructuralista, sino, antes,
incluso, muy buena para ser y distinguirse (Ortiz García, 1999: 304)
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