Los senderos y las veredas son históricamente las rutas de viaje
más difundidas en todo el mundo. Aunque las autopistas modernas tienden a obscurecer
el papel tradicional de los senderos y las veredas, para millones de personas
de todo el mundo los senderos y las veredas son rutas básicas de acceso o
viaje, incluso en los ámbitos urbanos modernos. En entornos menos desarrollados,
particularmente en los parques y las áreas protegidas, puede que los senderos
constituyan el único medio de acceso en la mayor parte del área.
Los senderos tienden a ser uno de los primeros elementos de
infraestructura que se desarrollan cuando se declara una nueva área protegida
y, lamentablemente, ese desarrollo ocurre antes de que exista una planificación
formal o planes de gestión. En las áreas más establecidas, a menudo los
senderos se construyen o se mejoran con un mínimo de consideración en relación
con su papel en la gestión general del área o su impacto en el ambiente. Como
se considera que los senderos son “construcciones” de bajo nivel, a menudo se construyen con un
mínimo de planificación formal, selección de las rutas o comprensión de las
condiciones biofísicas del área donde se desarrollan los senderos. En resumen,
el proceso de planificación de senderos
es típicamente inadecuado y a menudo trae como resultado impactos ambientales
no deseados, aumento de los costos de construcción y mantenimiento y sistemas de senderos que se
integran de forma deficiente en los objetivos generales del área. Cole (1983)
estableció que la planificación deficiente de senderos, no la construcción deficiente
de senderos ni el nivel de uso, es la causa fundamental de impactos ambientales
no deseados que son el resultado del desarrollo de senderos.
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