El día de hoy la complejidad de la cordillera parece ser un factor
limitativo para el desarrollo, y el mundo moderno aún no sabe utilizar a
plenitud las riquezas que ofrece la diversidad de los Andes. En la antigua
América andina, las limitaciones geográficas y medioambientales fueron
convertidas en oportunidades, con la domesticación
de plantas, animales, la tierra y el agua. Evidencias de ello constituyen la
abundancia de una de las tres categorías de paisajes culturales, aquella que se
define como “paisajes orgánicamente desarrollados a partir de imperativos
sociales, económicos, administrativos o religiosos” y que pueden corresponder a
cualquiera de la dos sub-categorías: a) Un paisaje relicto, en donde un proceso
evolutivo a concluido en algún momento en el pasado, pero que sus rasgos
distintivos más característicos son todavía visibles en forma material; o b) Un
paisaje continuo en el tiempo, que tiene un activo rol en la sociedad actual,
asociado con las formas tradicionales de vida.
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