La
sociedad contemporánea vive en un mundo globalizado, donde la transmisión de la
información y la cultura se han apoyado en nuevos soportes con una capacidad de
difusión desconocida en la historia.
Es también
un mundo que se ve representado tanto por la objetividad de la ciencia como por
la subjetividad del arte, que reconoce la
voluntad creadora del ser humano para transformar su entorno y crear nuevos significados.
A pesar
de la velocidad de estas transformaciones, el reconocimiento del legado
cultural del siglo xx es un fenómeno de importancia creciente. Desde la
sostenibilidad, se reivindica la atención a su patrimonio cultural con un
sentido ético; constituyendo el efecto implacable de la obsolescencia, contemplada
en tiempo real y sin la suficiente distancia histórica, el principal desafío para
su interpretación patrimonial.

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