La
gestión cultural es un tropo de reciente aparición en la dinámica de los sistemas
culturales. Sin embargo, su función en la reproducción de la cultura la sitúa
en un lugar privilegiado: es mediadora de la política cultural en las comunidades
(Martinell, 1999). Como agentes culturales los gestores cumplen con dos
acometidos a la vez: son anunciadores de la cultura en el sentido de promover su
apropiación y de generar significados y prácticas culturales en las comunidades;
y son realizadores de la cultura en la medida en que problematizan, instrumentalizan
y socializan la labor cultural (Gómez Z, R., Hleap, J., Londoño, J., Salazar
G., 2000). Esa doble condición de pensadores y hacedores de lo cultural hacen
del gestor cultural un agente de cambio social con una gran responsabilidad:
llevar a la práctica del interior de las comunidades los anhelos de las
políticas e ideales culturales.

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