Los ambientes productivos rurales o agroecosistemas, además de ser
espacios dedicados a la producción agropecuaria, son hábitat para un gran número de especies de la flora y la fauna,
hoy referidos más comúnmente como biodiversidad. En los últimos años, la expansión
de la frontera agropecuaria, ha producido cambios sustanciales en los sistemas de
uso de la tierra, ingresando en áreas naturales de bosques, praderas,
pastizales y humedales. Estos cambios contribuyeron a la pérdida o destrucción de
hábitat, su fragmentación y disminución de biodiversidad, tanto a nivel de
especies como de paisajes.
En consecuencia, algunas especies han sufrido extinciones locales
o definitivas y otras se beneficiaron al punto de ser muy abundantes, pudiendo
convertirse en perjudiciales. Asimismo, se han deteriorado interacciones entre los
organismos y su ambiente, alterando múltiples procesos que sostienen funciones
ecológicas, traducibles en bienes y servicios ecosistémicos (BSE) que brinda el suelo y la biodiversidad tanto a
los sistemas agropecuarios como a otras actividades humanas.
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