A pesar que la cultura siempre ha reclamado algún tipo de
organización por parte de la comunidad, la gestión cultural, como la entendemos
hoy en día, es un campo de actuación muy reciente. Podríamos afirmar que a
pesar de su rápido crecimiento en los últimos años aún está en fase de
estructuración y definición.
Como en otros aspectos de
la vida social, la realidad de nuestros países
ha obligado a realizar unos procesos de configuración de estas nuevas
profesiones en unos períodos de tiempo muy cortos. Estos procesos no se han
podido desarrollar de la forma más gradual como se han generado en otros países
más desarrollados o más estables políticamente.
De pronto aparecen en el espectro de una realidad social concreta,
casi por generación espontánea, un conjunto de ofertas y demandas de empleo y
formación que evidencian la emergencia de un nuevo sector profesional. En estas
formaciones se encubre la búsqueda de una identidad de los agentes que han
recibido el encargo de desarrollar e institucionalizar estos nuevos servicios
de la sociedad, como un anhelo a un reconocimiento social de su función.

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