El contenido de este manual, aunque va
más hacia el detalle, es también de carácter genérico buscando que en alguna medida,
colaboren a fijar ciertos principios fundamentales cuya aplicación garantice hasta
donde nos es posible, que los valores a destacar no serán el exhibicionismo del
arquitecto que restaura, ni se fundamentarán en la hipótesis o alguna opinión
comercial particular, o el gusto del presidente
de la república, sino que se fundamentan
en esos valores culturales que le dieron al objeto la designación de monumento
nacional. Buscan además, que el mundo se entere de la grandeza cultural de
nuestro pasado, con la mayor autenticidad material e histórica posibles.
En otras palabras, los criterios o
normas contenidas en este documento, no pueden, de ninguna manera, fundarse en los sitios arqueológicos
no tocados o en edificaciones que por su estado de ruina han adquirido la forma
de montículo y que nunca se ha investigado. Este documento enfatiza la
importancia de conocer primero y luego aplicar un método apropiado. Es decir,
de establecer como principio fundamental de conservación la colaboración
profesional multidisciplinaria que incluya como parte básica, historia,
arqueología, epigrafía, topografía, arquitectura, etc. por medio de cuya
ejecución científica se pueda llegar a evaluar el monumento en todas sus
características intrínsecas, pero más que todo, en cuanto a la factibilidad y conveniencia,
o no, de aplicar métodos de restaurativos para su conservación.

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