Todo archivo, biblioteca o museo, por pequeño que sea su
presupuesto, debe establecer un Programa de Conservación Preventiva, así como
un Plan de Gestión de Desastres. Éstos deben ser elaborados según los objetivos
concretos de cada institución, teniendo en cuenta la situación y
características de sus colecciones, así como sus posibilidades y necesidades
presentes y futuras, en el convencimiento de que la perdurabilidad de los
fondos está íntimamente relacionada con el establecimiento de normas que palien
la degradación química, física y biológica de los Bienes Culturales.
Pero la conservación preventiva no sólo incluye el control
ambiental, sino también los sistemas de exhibir y almacenar sus fondos, el
desarrollo de directrices, guías y procedimientos para proteger las colecciones
en el depósito o durante su uso, la concienciación y formación de todo el
personal de la institución, así como el desarrollo de proyectos cooperativos.
Se debe considerar como un sistema global, ya que cada actividad desarrollada puede tener repercusiones en el
resto del patrimonio, siendo los protagonistas de estas acciones no son sólo
los archiveros, bibliotecarios, conservadores, restauradores etc., sino también los usuarios.

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