Los procesos de salvaguardia de la serie de objetos a los que se
les ha asignado la categoría de “bienes culturales” tienen la particularidad de
eslabonar el arte y la ciencia, la tradición y la modernidad.
Se trata de actividades en las que se amalgama la instrumentación
de técnicas desarrolladas por creadores del pasado con procedimientos generados
por las tecnologías de vanguardia con el objeto de prolongar la vida útil y el
vínculo social del patrimonio.
Con este fin se recurre a la aplicación de métodos que permitan,
en la medida de lo posible, garantizar la aptitud de las acciones emprendidas,
evaluar su grado de efectividad y aprender de los errores cometidos para evitar
su repetición. Estos procedimientos tienen una
vertiente de orden pragmático que se fundamenta en la recuperación de experiencias empíricas, pero paralelamente
incorpora la lógica y los datos generados en los diversos campos de las ciencias,
con la finalidad de caracterizar los materiales que componen los bienes
culturales, documentar sus procesos de deterioro y definir los recursos para
retardarlos, revertirlos o corregirlos.

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