Ciertos
objetos son considerados representativos de una identidad cultural por ser portadores
de un valor significativo que trasciende al de sus materiales y al trabajo requerido
para su manufactura. Es por esto que la asignación de valor cultural a un
objeto material es la base de la conservación, disciplina que implica una
constante prevención de todas las formas de deterioro. Su continuidad es
fundamental para poder preservar dichos objetos, entre los que se encuentran los
textiles.
La
conservación preventiva es una de sus áreas. En ella están incluidas todas
aquellas acciones que contribuyen a aumentar la expectativa de vida de los
objetos en el museo, ya sea en exhibición o en depósito. Su principal objetivo
es regular los factores de deterioro de las colecciones y debe ser entendida y
practicada por todos los que están en contacto o a cargo de ellas.
La
historia de los textiles es prácticamente la historia de la civilización. En
todo el mundo han sido elaborados desde los tiempos más remotos, para fines
utilitarios, ceremoniales, funerarios, religiosos, etc. Originalmente no fueron
concebidos como obras de arte, sino como objetos funcionales, por lo que
transmiten información importante desde varios puntos de vista: histórico, estético,
antropológico, tecnológico, etc. Por esta razón su preservación es relevante y
una vez en el museo, pasan a ser objetos patrimoniales, a veces únicos en su
tipo.
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