EL HOMBRE PRIMITIVO Y SU RELIGIÓN
No existen pueblos, por primitivos que sean, que carezcan de religión o
magia. Tampoco existe, ha de añadirse de
inmediato, ninguna raza de salvajes que desconozca ya la actitud científica, ya
la ciencia, a pesar de que tal falta les ha sido frecuentemente atribuida. En
toda comunidad primitiva, estudiada por observadores competentes y dignos de
confianza, han sido encontrados dos campos claramente distinguibles, el Sagrado
y el Profano; dicho de otro modo, el dominio de la Magia y la Religión, y el dominio
de la Ciencia.
Por un lado, hallamos los actos y observancias tradicionales,
considerados sacros por los aborígenes y llevados a efecto con reverencia y
temor, encercados además por prohibiciones y reglas de conducta especiales.
Tales actos y observancias se asocian siempre con creencias en fuerzas
sobrenaturales, primordialmente las de la magia, o con ideas sobre seres,
espíritus, fantasmas, antepasados muertos, o dioses. Por otro lado, un momento
de reflexión basta para mostrarnos que no hay arte ni oficio, por primitivo que
sea, ni forma organizada de caza, pesca, cultivo o depredación que haya podido
inventarse o mantenerse sin la cuidadosa observación de los procesos naturales
y sin una firme creencia en su regularidad, sin el poder de razonar y sin la
confianza en el poder de la razón; esto es, sin los rudimentos de lo que es
ciencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario