La publicación que el lector tiene en sus manos es una guía para
identificar los objetos pertenecientes al patrimonio arqueológico, declarados en
la Constitución Política como inalienables, imprescriptibles e inembargables (Artículos
63 y 72). El patrimonio arqueológico de Colombia existe como un conjunto de vestigios, lugares físicos e información científica
sobre los mismos. Los vestigios y lugares físicos (como objetos elaborados
en madera, roca, cerámica, metal, sitios arqueológicos monumentales, restos
orgánicos de plantas, animales o humanos, muestras de suelo), son definidos y
valorados desde lo postulado por legislaciones internacionales y nacionales.
Dado que algunos de los vestigios (vasijas de cerámica, objetos en metal, roca,
etc.), son interpretados desde los valores o la estética humanista heredada del
Renacimiento, se entienden usualmente como obras de arte producidas por “el hombre”,
y no como una herencia de cierta “historia nacional”, es decir un bien público
en el que se deberían reconocer todos los ciudadanos de un país. Las legislaciones
apenas comienzan a hacer parte de los criterios con los que los
coleccionistas de “obras de arte precolombino” y el público que asiste a los
museos, o a parques arqueológicos, entienden el valor y el sentido de la conservación
de los objetos que llegan a conocer en contextos intervenidos no científicamente.
De modo que, en Colombia, luego de casi ocho décadas de esfuerzos aislados de
algunas entidades del Estado, comunidades e investigadores, se empieza ahora a
organizar un sistema legal mediante el cual los vestigios arqueológicos son
defendidos, en tanto bienes de interés público, de su apropiación o valoración privada
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