El medio ambiente es un
bien común de toda la sociedad y debe ser conservado y apoyado por los
ciudadanos y las diferentes administraciones a través de las líneas de acción política para que su disfrute sea
posible en el futuro.
El Tratado de Ámsterdam de
la Unión Europea de 1997 exige la integración de las consideraciones ambientales en el conjunto de
las políticas y actividades comunitarias.
Dicho Tratado incorpora el
desarrollo sostenible a los objetivos de la Unión Europea. Posteriormente, en las Conclusiones del
Consejo de Gotemburgo, de junio de 2001, los Estados miembros de la Unión
Europea resaltaron la necesidad de lograr la integración del medio ambiente y del
desarrollo sostenible en las diferentes políticas, invitando a la Comisión
Europea a profundizar en este aspecto y a incluir en cualquier propuesta futura
de reforma, una evaluación cualitativa de las repercusiones en el medio ambiente y en el desarrollo sostenible.
Se entiende por desarrollo
sostenible, aquel que “responde a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las
generaciones futuras para responder a las suyas propias”.
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