La riqueza cultural de un país no se mide sólo en la cantidad de
patrimonio que posee sino también en su forma de gestionarlo, en la forma en la
que este se inserta en la sociedad.
De siempre, los museos han sido el instrumento clave que ha
facilitado la relación entre ese acervo cultural y la participación ciudadana,
evolucionando como instituciones a medida que lo hacía la propia sociedad.
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