La destrucción del medio ambiente
natural, la contaminación del aire, del suelo y del agua, el cambio climático,
el agotamiento de los recursos naturales, la escasez de agua y los desastres
naturales son cada vez más frecuentes y se encuentran, por tanto, entre los
factores que han motivado a muchos estudiosos a contemplar el fenómeno del
paisaje. Por un lado, los estudios ambientales y ecológicos se enfocan en
buscar un marco adecuado para reflexionar sobre la muy compleja relación entre
el hombre y su entorno natural; por el otro, los antropólogos, sociólogos y
geógrafos culturales comenzaron a indagar sobre la manera en que el hombre ha concebido
su entorno natural y acerca de la forma en que sus conceptos sobre la
naturaleza fueron cambiando a lo largo del tiempo.
La investigación arqueológica había
prestado poca atención a la manera en
que las sociedades no occidentales conceptualizaban su relación con el medio
ambiente, por lo que comúnmente se utilizaban enfoques materialistas (el marxismo,
la ecología cultural) con el fin de explicar el comportamiento humano, en tanto
que los rasgos culturales específicos eran considerados como meras respuestas
adaptadas a las limitaciones del medio ambiente.
La relación hombre-naturaleza era
definida así en términos eurocéntricos a partir de un lenguaje positivista. En
la actualidad, muchos estudiosos concuerdan en que las concepciones de la
naturaleza y del medio ambiente circundante son construidas socialmente y
evolucionan y se transforman de acuerdo con los contextos culturales y
determinaciones históricas. Es por ello que la visión dualista del mundo, que
tiende a separar la naturaleza de la cultura y de la sociedad misma, debe ser
considerada como un componente característico de la sociedad occidental y
moderna y no debería ser proyectada como un presupuesto teórico acerca de las
sociedades tradicionales preindustriales.
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