Al poco tiempo de comenzar a
redactar este libro me asaltaron dos o tres dudas, motivadas por observaciones
de amigos y de otras personas que han dedicado y compartido conmigo una parte
de su vida en la Gestión Cultural (GC)* en activo, y esta última es ya una
matización importante sobre la que luego, en otros capítulos, volveré.
La primera duda tenía que ver con el estilo empleado en este texto.
Mucho cuidado, me dijeron algunos, con tratar de emplear, en un terreno
resbaladizo como éste, un lenguaje académico, disertativo en exceso, alejado de
esa apasionante arena en la que la gestión cultural moderna, en este siglo XXI,
y de una manera muy directa, se ha convertido en un auténtico caballo de Troya que
toca y penetra todos los ámbitos de la actividad económica, política, social,
diplomática y cultural de nuestro tiempo.
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