El
importante desarrollo tecnológico producido en la segunda mitad del siglo x x ha influido también en la conservación del patrimonio,
al ofrecer a los profesionales de este sector numerosas herramientas para el
análisis, diagnóstico y tratamiento de los bienes culturales. La utilización de
tecnología y métodos de las ciencias aplicadas en proyectos de conservación y restauración
crece progresivamente con la mejora de las técnicas y la ampliación de las
posibilidades que se ofrecen.
Este
crecimiento no sólo viene decidido por el avance tecnológico sino también por
la confluencia de esas mejoras con los criterios profesionales para la
conservación y restauración de bienes culturales. Actualmente, contamos ya con
la experiencia acumulada durante los últimos cincuenta años sobre aplicaciones de
tratamientos protectores, eliminación del uso de productos por su toxicidad o por
los malos resultados registrados a medio plazo, introducción de técnicas rediseñadas
específicamente para bienes culturales, implantación de diversas posibilidades de
estudios in situ, minimización progresiva de la cantidad de muestra necesaria, elaboración
de proyectos con instalaciones más racionales y de menor coste de mantenimiento,
aspectos todos ellos abordados por los científicos de la conservación.
Puesto
que tratamos de ciencias aplicadas, es importante tener en cuenta el objetivo
deseado desde el principio. Actualmente, las ciencias aplicadas construyen sus objetos
de conocimiento a partir de problemas existentes, lo que permite salir de las fronteras
de las parcelas disciplinares tradicionales y acercarse a otros ámbitos de la realidad.
Favorecer
esa aventura interdisciplinar es lo que pretende en su metodología habitual de trabajo
el Instituto del Patrimonio Histórico Español, y en particular, es lo que aparece
plasmado de forma concreta en los trabajos que se presentan en este número de la
revista Bienes Culturales.

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