En forma creciente, tanto la academia como los responsables de
políticas públicas, han comenzado a percibir el acervo cultural, y su industria
asociada, como un claro catalizador de desarrollo económico y social que debe
ser preservado y fortalecido.
En lo social, la preservación de las bases culturales de una
sociedad contribuye a generar identidad, cohesión, sentido de pertenencia, es
decir, elementos que fortalecen el capital social indispensable para cualquier
proceso sostenido de desarrollo.
En lo económico, las industrias de base cultural han presentado
un importante dinamismo en los últimos años, tanto en términos de generación de
empleo como de actividad económica.
Aún
sin incluirse el turismo cultural, estas industrias han mostrado un dinamismo
mayor al de sectores tradicionales como las manufacturas y la agricultura

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