A modo de apertura: proclama sobre los museos
Hace unos años, en el
contexto de asignaciones presupuestales, políticas culturales y otros debates en el
Perú, el escritor Mario Vargas Llosa argumentaba sobre la importancia que
podrían tener los museos y su contribución al desarrollo de un país. Su
defensa, que tomo para abrir mi propia reflexión, afirma: Los museos son tan
necesarios para los países como las escuelas y los hospitales. Ellos educan
tanto y a veces más que las aulas y sobre todo de una manera más sutil, privada
y permanente que como lo hacen los maestros.
Ellos también curan, no los
cuerpos, pero sí las mentes, de la tiniebla que es la ignorancia, el prejuicio,
la superstición y todas la taras que incomunican a los seres humanos entre sí y
los enconan y empujan a matarse. Los museos reemplazan la visión pequeñita, provinciana,
mezquina, unilateral, de campanario, de la vida y las cosas por una visión
ancha, generosa, plural. Afinan la sensibilidad, estimulan la imaginación,
refinan los sentimientos y despiertan en las personas un espíritu crítico y
autocrítico. El progreso no significa sólo muchos colegios, hospitales y
carreteras.
También, y acaso sobre todo,
esa sabiduría que nos hace capaces de diferenciar lo feo de lo bello, lo
inteligente de lo estúpido, lo bueno de lo malo y lo tolerable de lo
intolerable, que llamamos la cultura.

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