Quizás la posibilidad de aplicar el concepto gramsciano de
praxis es lo que falta en el debate sobre interculturalidad. Es decir,
vincular en una misma palabra teoría y práctica, esto es, mostrar que existe
una teoría detrás de una práctica intercultural. Sabemos que hay teorías faltas
de práctica, o prácticas faltas de teorización que las oriente. La praxis
es el punto donde se comunican y retroalimentan una teoría y una práctica. En
nuestros términos, es necesario que la teoría de la interculturalidad pueda
transformarse en práctica, o que la práctica intercultural de algunos
ayuntamientos se pueda informar a través de una teoría. La realidad nos muestra
que muchos ayuntamientos actúan por intuición en temas de interculturalidad, y
con muy buena voluntad, y también que existe un debate incipiente sobre
políticas interculturales aplicables a ayuntamientos, que requieren mostrar su viabilidad
práctica. Aunque quizás sea demasiado ambicioso como objetivo, y sin saber si
lo hemos logrado o no, este manual aspira a ser un instrumento para provocar la
relación entre teoría de la interculturalidad y su puesta en práctica. Aquí es
donde esta frase de Fausto que encabeza esta introducción cobra sentido.
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