La universidad promueve la
investigación en todas las áreas del conocimiento. Esa investigación constituye
una dimensión relevante de la creación cultural, un componente insoslayable de
la enseñanza superior, un aporte potencialmente
fundamental para la mejora de la calidad de vida individual y colectiva.
La enseñanza universitaria se
define como educación en un ambiente de creación.
Estudien con espíritu de investigación: ese es uno de los mejores consejos que
los profesores podemos darles a los estudiantes, sobre todo si se refleja en
nuestra labor docente cotidiana. Aprender es ante todo desarrollar las capacidades
para resolver problemas, usando el conocimiento existente, adaptándolo y aun
transformándolo. Para eso hay que estudiar en profundidad, cuestionando sin
temor pero con rigor, sin olvidar que la transformación del saber solo tiene
lugar cuando la crítica va acompañada de nuevas propuestas. Eso es lo propio de la investigación.
Por eso, la mayor revolución en
la larga historia de la universidad fue la que se definió por el propósito de
vincular enseñanza e investigación.
Dicha revolución no solo abrió
caminos nuevos para la enseñanza activa sino que convirtió a las universidades
en sedes mayores de la investigación, pues en ellas se multiplican los
encuentros de investigadores eruditos y fogueados con jóvenes estudiosos e
iconoclastas. Esa conjunción, tan conflictiva como creativa, signa la expansión
de todas las áreas del conocimiento. Las capacidades para comprender y transformar el mundo suelen
conocer avances mayores en los terrenos de encuentro entre disciplinas
diferentes. Ello realza el papel en la investigación de la universidad, cuando
es capaz de promover tanto la generación de conocimientos en todas las áreas
como la colaboración creativa por encima de fronteras disciplinarias.
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