Cuando se propuso la realización
de este curso, y se perfiló por primera vez el programa de intervenciones, algunas
reacciones fueron de sorpresa: ¿cómo se puede hablar durante dos días “únicamente”
sobre manipulación de bienes culturales? ¿acaso para mover un objeto no basta con ponerse
unos guantes? ¿o ni siquiera eso?
Esta reacción responde a una
curiosa situación de ambivalencia: por un lado, y sobre el papel, se ha ido
poco a poco reconociendo la importancia de la conservación preventiva en la
preservación de bienes culturales, y por otro lado, y de hecho, ocupa un rol
todavía secundario frente a la más visible, y atractiva, intervención directa
sobre los objetos.
A su vez, determinados aspectos de la conservación, como el
acondicionamiento de las salas de reserva o la adecuada manipulación de los
objetos, se mantienen en un segundo plano en comparación con, por ejemplo, la preocupación
por las condiciones ambientales. Como consecuencia, ambos temas suelen ocupar un
reducido espacio en los manuales, salvo excepciones, y pasan más desapercibidos
en las acciones formativas, tanto regladas como no regladas.
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