viernes, 27 de noviembre de 2015

EL TURISMO RURAL COMO PROMOTOR DEL EMPLEO Y LAS MICRO ECONOMIAS EN EL DESARROLLO TERRITORIAL RURAL


En contraste con la concentración, el anonimato, la rapidez de los cambios, la ausencia de los valores de referencia que simbolizan las grandes urbanizaciones; los ciudadanos consideran cada vez más al espacio rural como una reserva de riquezas naturales fundamentales y de estructuras sociales de apoyo.

Al mismo tiempo, la cambiante evolución de la economía sectorial y global impulsan a los productores rurales a la búsqueda de estrategias adaptativas obligándolos a una nueva transformación socioproductiva y espacial, producto de las restricciones del modelo agroeconómico anterior. En consecuencia, el Turismo constituye una estrategia de diversificación de ingresos para comunidades rurales y un eje táctico para el Desarrollo Territorial Rural.

I.        El Desarrollo Territorial Rural como marco de referencia.

El enfoque incorporado recientemente por diversas agencias multilaterales (BID, BM, FIDA, IICA) sobre el desarrollo rural está dirigido al concepto de Desarrollo Territorial Rural; que se caracteriza como la transformación productiva e institucional de un espacio rural determinado con el fin de mejorar las condiciones y calidad de vida de sus habitantes y reducir la pobreza rural.

La transformación productiva tiene el propósito de articular competitiva y sustentablemente la economía de un territorio a mercados dinámicos externos a él. El desarrollo institucional está dirigido a estimular y facilitar la interacción y la concertación entre los actores locales entre sí, y entre ellos y los actores externos relevantes; incrementando las oportunidades para que la población participe del proceso y de sus beneficios.

El Desarrollo Territorial Rural procura eludir la equivalencia de “rural igual agropecuario”, focalizando el proceso de desarrollo en el protagonismo de los actores locales y en sus capacidades de superación. Para su logro enfatiza los vínculos  con  mercados  dinámicos,  con  la  innovación  tecnológica,  con  la capacidad para reformas institucionales, con la descentralización y la “gobernancia” local, y con la concertación social intersectorial público - privada.

En consecuencia, el Desarrollo Territorial Rural supone la capacidad de incrementar la competitividad sistémica de un territorio priorizando el aumento del conocimiento y del avance y la gestión tecnológica.

En el modelo, la demanda externa al territorio opera como motor central de las transformaciones, y los vínculos urbano - rurales sostienen el desarrollo de las actividades agrícolas y no agrícolas. El papel del desarrollo institucional local lleva a  tomar  al  territorio  no  como  un  espacio  físico  sino  como  un  conjunto  de relaciones sociales originarias de una identidad explícita con un propósito compartido por múltiples agentes públicos y privados.

La naturaleza del negocio del Turismo Rural permite constituirlo en versátil instrumento para el Desarrollo Territorial Rural, en la medida que exige la participación de diversos agentes de una región y sistematiza conocimientos locales orientándolos a la generación de valor. Por esa razón, el Turismo Rural viene aplicándose en varios parajes como expresión práctica articuladora de soluciones para problemas económicos y laborales al amparo de un renovado vínculo urbano – rural dinamizador del mercado.

Desde los Organismos Internacionales y las Agencias de Cooperación la visión del desarrollo rural sostenible incorpora la noción de territorio en su dimensión social con un criterio progresivamente “rurbano“. Dicha visión, al materializarse en propuestas alternativas debe elegir entre tres opciones: más Agricultura, Empleo Rural No Agrícola o Migración. El Empleo Rural No Agrícola resulta el ámbito conceptual donde el Turismo Rural encuentra su aplicación, solucionando las oportunidades de ingresos y empleos que las otras opciones no alcanzan a satisfacer.

II.       La Promoción del Empleo y de las Microeconomías” a través del
Turismo Rural

Progresivamente el medio rural sufre procesos sociales y económicos que alteran su fisonomía, la organización de la producción y su aporte a la generación del producto nacional, regional y local, así como el comportamiento de la población rural.

Estos fenómenos se caracterizan por la migración de importantes sectores poblacionales desde las áreas rurales dispersas hacia los centros urbanos, desde hace varias décadas y acentuados en los últimos veinte años por la necesidad de incrementar las escalas de producción para integrar cadenas competitivas o abandonar la actividad y su forma de vida. Más recientemente, la crisis económica y  el  endeudamiento  de  los  empresarios  y  familias  rurales  han  agudizado  la pérdida de oportunidades laborales en el medio rural en actividades directamente vinculadas con la agropecuaria.

En cifras estadísticas generales, más de la mitad de los ingresos de las familias rurales y los empleos rurales de sus integrantes no provienen al presente de actividades agropecuarias directas, aunque en muchos casos sí de servicios y asistencia a la producción agropecuaria o procesos agroindustriales y de acondicionamiento, transporte y mercadeo.

Esta situación muestra dos realidades y desafíos diferentes. Por un lado la importancia clave que mantiene el sector agropecuario como motor y plataforma para el desarrollo del territorio rural,  y por otro una nueva articulación de la producción y de las unidades empresariales y familiares que se expresan en cadenas productivas sobre un territorio determinado.

Los conceptos entonces que obligan a revisar la estrategia de desarrollo rural y equilibrios territoriales en materia de oportunidades para la población, son los de “nueva agricultura” y “nueva ruralidad”.

El combate a la pobreza rural y a la exclusión de los trabajadores rurales, productores familiares, mujeres y jóvenes rurales, pasa entre otras cosas por reconocer que hoy existe la necesidad de trabajar con población rural - en el más estricto sentido de la definición - en los centros urbanos; y al mismo tiempo entender que gran parte del empleo de la familia rural no provendrá directamente de la actividad agropecuaria.

Se requiere la definición de estrategias e instrumentos de desarrollo incluyentes de las micro y pequeñas economías en procesos económicos mayores, en cadenas o matrices agroindustriales y de servicios competitivas organizadas en una localidad o región; lo cual constituye una forma de intervención desde el Estado junto a la Sociedad Civil, con carácter de inversión social respecto de la nueva realidad emergente de varias cadas de cambios tecnológicos, de mercado, de comunicaciones, económicos y sociales que han afectado al medio rural, preservando aún sus raíces, habilidades, destrezas y pautas culturales.

III.        Un  enfoque  operativo:  la  producción  artesanal  rural  en  el  turismo local

Una actividad de amplio consenso por su capacidad transformadora de la realidad socio económica de una localidad rural, por la generación de puestos de trabajo directos e indirectos, por los recursos que moviliza y por el ingreso de divisas inmediatas, es la producción artesanal vinculada a la cadena de valor del Turismo Rural.

Un sector artesanal competitivo en el Turismo Rural es estratégico, puesto que en sus diversas expresiones, la mano de obra artesanal ofrece productos típicos de la cultura regional y local en el área de la gastronomía, de los tejidos (lana y fibras vegetales),  de  la  herboristería,  la  floricultura,  los  fitoterapéuticos,  la  madera (piezas artísticas y muebles), la talabartería y marroquinería, el trabajo en hueso, la cerámica, por mencionar algunos ejemplos.

Estas diferentes formas y productos artesanales aumentan el contenido de productos turísticos específicos de acuerdo a la segmentación del mercado. Así es que existe una oferta artesanal para el turismo cultural e histórico, otra para el agro turismo, o para el turismo ecológico, para el turismo deportivo, entre otros.

Particularmente el área gastronómica requiere de una calidad definida dentro de la “artesanalidad” como condición para caracterizar un producto, fundamentalmente respecto de la inocuidad de los alimentos, los protocolos de preparación y procesos productivos naturales, el envasado y la distribución. El recurso  gastronómico  complementa  -  como  manufactura  o  artesanía    el contenido histórico cultural de una localidad o región, exponiendo su proceso productivo e ingredientes, con la posibilidad de certificar el origen de los mismos.

Los restoranes, posadas y hoteles, estancias turísticas y centros recreativos, así como los propios productores dispersos en puestos ubicados sobre rutas y caminos en centros poblados, pueden ofrecer productos bajo normas de higiene, calidad e inocuidad aseguradas para el consumo directo, sin perder la originalidad del proceso artesanal.

Esta  aplicación  tiene  un  carácter  transformador  de  la  ruralidad  integrando  la familia rural a actividades no exclusivamente agropecuarias, que les permiten utilizar habilidades y destrezas, conocimientos y cultura apoyadas en sus raíces, elaborando productos con ingredientes procedentes directamente de los establecimientos o la localidad.

IVI.     De  la  teoría  a  la  práctica:  nuevos  empleos  en  micro  y  pequeñas empresas

El resultado del Turismo Rural como instrumento del Desarrollo Territorial Rural es el surgimiento de Micro y Pequeñas Empresas, provocando la creación de nuevos empleos y mejorando la distribución del ingreso.

Este  entramado económico  requiere  tres  elementos  participantes: emprendedores, financiamiento y recursos humanos calificados, convergentes en una política de mercadotecnia sin fisuras.


Como el génesis de un destino obedece a diferentes razones, entre otros la existencia de actividades, eventos, fechas y demás otorgando referencia a diferentes sitios, como condición previa para la sustentabilidad del alojamiento y la gastronomía local; los circuitos turísticos rurales requieren un abordaje según nichos de negocios, insertos  en  proyectos  comerciales  liderados  por  agentes privados. El rol público debe enfatizar fundamentalmente aspectos de infraestructura, logística, organización, calidad y promoción.

El estímulo a proyectos de circuitos turísticos rurales no pasa por una alta demanda en inversiones sino por el apoyo en la articulación de ideas y la vinculación de actividades en el tiempo y en el espacio territorial y social, dirigido a la formación de una oferta estructurada, flexible, variada y profesionalizada.

Esta visión prioriza la expansión de micro y pequeñas empresas participantes de una trama de servicios locales sustentadores del negocio turístico. El desarrollo empresarial comprende unidades identificadas con cada paraje, subsidiarias de programas a medida de los intereses y demandas del segmento de público al que se procura captar y atraer.

En definitiva, el Turismo Rural representa en el Desarrollo Territorial Rural una corriente de negocios - en productos y servicios - capaz de causar un efecto persistente en la movilidad laboral y en la captación de rentas urbanas. Pone así en marcha una cadena de valor de las que se benefician las propias materias primas de la zona y fundamentalmente, el valor del tiempo y conocimiento de sus habitantes.

Por: 
Gonzalo A. FREIRÍA CARBALLO

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