En
contraste con la concentración, el anonimato, la rapidez de los cambios, la
ausencia de los valores de referencia que simbolizan las grandes
urbanizaciones; los ciudadanos consideran
cada vez más al espacio rural como una
reserva de riquezas naturales fundamentales y
de estructuras sociales de apoyo.
Al mismo tiempo, la
cambiante evolución de la economía sectorial y global impulsan a los productores
rurales a la búsqueda de estrategias adaptativas
obligándolos a una nueva transformación socioproductiva
y espacial, producto de las restricciones del modelo
agroeconómico anterior. En
consecuencia, el Turismo constituye
una estrategia de diversificación de
ingresos para comunidades rurales y
un eje táctico para el Desarrollo
Territorial Rural.
I. El Desarrollo Territorial Rural como marco de referencia.
El enfoque
incorporado recientemente por diversas
agencias multilaterales (BID,
BM, FIDA, IICA) sobre el desarrollo rural está dirigido al concepto de Desarrollo
Territorial Rural; que se caracteriza como la transformación productiva e institucional de un espacio
rural determinado con el fin de mejorar
las condiciones y calidad de vida de sus habitantes y reducir la pobreza rural.
La transformación productiva tiene el propósito
de articular competitiva y sustentablemente la economía de un territorio a mercados dinámicos externos
a él. El desarrollo institucional está dirigido a estimular y facilitar la interacción
y la concertación entre los actores
locales entre sí, y entre ellos y los actores externos
relevantes; incrementando las oportunidades para que la población participe
del proceso y de sus
beneficios.
El Desarrollo
Territorial Rural procura eludir la equivalencia
de “rural igual agropecuario”, focalizando
el proceso de desarrollo en el protagonismo de los actores locales y en sus capacidades de superación. Para su logro enfatiza los
vínculos con mercados dinámicos,
con la innovación
tecnológica, con la capacidad para reformas institucionales,
con la descentralización y la
“gobernancia” local, y con la concertación social intersectorial
público - privada.
En consecuencia, el
Desarrollo Territorial Rural supone la capacidad de incrementar la
competitividad sistémica de un territorio priorizando el aumento del conocimiento y del avance y la
gestión tecnológica.
En el modelo, la demanda externa al territorio
opera como motor central de las transformaciones, y los vínculos
urbano - rurales sostienen
el desarrollo de las
actividades agrícolas y no agrícolas.
El papel del desarrollo institucional local lleva a tomar
al territorio no
como un espacio físico
sino como un
conjunto de relaciones sociales originarias de una identidad
explícita con un propósito compartido por múltiples
agentes públicos y privados.
La naturaleza del
negocio del Turismo Rural permite constituirlo en versátil instrumento para el Desarrollo Territorial Rural, en la medida que exige la participación de diversos agentes
de una región y sistematiza conocimientos locales orientándolos a la generación
de valor. Por esa razón, el Turismo
Rural viene aplicándose en varios
parajes como expresión práctica articuladora de soluciones para problemas económicos y laborales al amparo de un renovado vínculo
urbano – rural dinamizador del mercado.
Desde los Organismos Internacionales y las Agencias de Cooperación
la visión del desarrollo
rural sostenible incorpora la noción de territorio en su dimensión
social con un criterio progresivamente
“rurbano“. Dicha visión, al materializarse en propuestas alternativas debe elegir entre tres opciones: más Agricultura,
Empleo Rural No Agrícola o Migración. El Empleo Rural No Agrícola resulta el ámbito
conceptual donde el Turismo Rural encuentra
su aplicación, solucionando las
oportunidades de ingresos y empleos que las otras opciones no alcanzan a
satisfacer.
II. La Promoción del Empleo y de las “Microeconomías” a través del
Turismo Rural
Progresivamente el
medio rural sufre procesos sociales y económicos que alteran su fisonomía, la organización
de la producción y su aporte a la generación del producto nacional, regional y local, así como el comportamiento de la población rural.
Estos fenómenos se caracterizan por la migración de importantes sectores poblacionales desde las áreas rurales dispersas hacia los centros urbanos, desde hace varias décadas y
acentuados en los últimos veinte años
por la necesidad de incrementar las escalas
de producción para integrar cadenas competitivas o abandonar la actividad y su forma de vida. Más recientemente, la crisis económica y el endeudamiento de los empresarios
y familias rurales han
agudizado la pérdida de oportunidades laborales en el medio rural en actividades directamente vinculadas con la agropecuaria.
En cifras
estadísticas generales, más de la mitad de los ingresos de las familias rurales y los empleos rurales de sus
integrantes no provienen al presente de actividades agropecuarias directas, aunque en
muchos casos sí de servicios y asistencia a la producción agropecuaria
o procesos agroindustriales y de
acondicionamiento, transporte y mercadeo.
Esta situación muestra dos realidades y desafíos diferentes. Por un lado la
importancia clave que mantiene el sector agropecuario como motor y plataforma para el desarrollo del territorio rural,
y por otro una nueva
articulación de la producción y de las unidades empresariales y familiares que se expresan en cadenas productivas
sobre un territorio determinado.
Los conceptos entonces que obligan a revisar la estrategia de desarrollo rural y equilibrios territoriales en materia de oportunidades
para la población, son los de “nueva agricultura” y “nueva
ruralidad”.
El combate a
la pobreza rural y a la exclusión
de los trabajadores rurales, productores familiares, mujeres y jóvenes rurales, pasa
entre otras cosas por reconocer que hoy existe la necesidad de trabajar con población rural - en el más estricto sentido de la definición - en los centros urbanos; y al mismo tiempo
entender que gran parte
del empleo de la familia rural no
provendrá directamente de la
actividad agropecuaria.
Se requiere la definición de estrategias e instrumentos de desarrollo incluyentes
de las micro y pequeñas economías en procesos económicos mayores, en cadenas o matrices
agroindustriales y de servicios competitivas
organizadas en una localidad o región; lo cual constituye una forma de
intervención desde el Estado junto a
la Sociedad Civil, con carácter
de inversión social respecto de la nueva realidad
emergente de varias décadas de cambios tecnológicos, de mercado, de comunicaciones,
económicos y sociales que han afectado al medio
rural, preservando aún sus raíces, habilidades,
destrezas y pautas culturales.
III. Un enfoque
operativo:
la
producción
artesanal
rural
en
el
turismo
local
Una actividad
de amplio consenso por su
capacidad transformadora de la realidad socio económica de una localidad
rural, por la generación de puestos
de trabajo directos e indirectos, por los recursos
que moviliza y por el ingreso de divisas inmediatas, es la producción artesanal vinculada
a la
cadena de valor del Turismo
Rural.
Un sector artesanal competitivo
en el Turismo Rural es estratégico, puesto que en sus diversas expresiones, la mano de obra artesanal
ofrece productos típicos de la cultura regional y local en el área de la gastronomía, de los tejidos (lana y fibras vegetales), de
la herboristería, la
floricultura, los fitoterapéuticos, la
madera (piezas artísticas y muebles), la talabartería y marroquinería, el trabajo en hueso, la cerámica, por mencionar algunos ejemplos.
Estas diferentes
formas y productos artesanales
aumentan el contenido de productos turísticos específicos de acuerdo a la segmentación del mercado. Así es que existe una oferta artesanal
para el turismo cultural e histórico,
otra para el agro turismo, o para el turismo ecológico, para el turismo deportivo, entre otros.
Particularmente el área gastronómica requiere de una calidad
definida dentro de la “artesanalidad” como condición para caracterizar un producto, fundamentalmente respecto
de la inocuidad de los alimentos, los protocolos de preparación y procesos productivos naturales, el envasado y la distribución.
El recurso gastronómico complementa
- como manufactura o
artesanía – el contenido histórico cultural
de una localidad o región, exponiendo su proceso productivo e ingredientes, con la posibilidad de certificar el origen de los mismos.
Los
restoranes, posadas y hoteles, estancias turísticas y centros recreativos, así como los propios productores dispersos en puestos ubicados sobre rutas y caminos en centros
poblados, pueden ofrecer productos bajo normas de higiene, calidad e inocuidad
aseguradas para el consumo directo, sin perder la originalidad del proceso artesanal.
Esta aplicación tiene
un carácter transformador de
la ruralidad integrando
la familia rural a actividades no exclusivamente agropecuarias, que les permiten utilizar habilidades y destrezas, conocimientos
y cultura apoyadas en sus raíces, elaborando productos con ingredientes procedentes directamente
de los establecimientos o la localidad.
IVI. De la teoría a la práctica: nuevos
empleos
en
micro
y
pequeñas
empresas
El resultado
del Turismo Rural como instrumento
del Desarrollo Territorial Rural es el surgimiento de Micro y Pequeñas Empresas,
provocando la creación de nuevos empleos y mejorando
la distribución del ingreso.
Este entramado económico
requiere tres
elementos participantes: emprendedores, financiamiento y recursos humanos calificados, convergentes en una política de mercadotecnia sin fisuras.
Como el génesis
de un destino obedece a diferentes razones, entre otros la
existencia de actividades, eventos, fechas
y demás otorgando referencia a diferentes sitios, como condición previa para
la sustentabilidad del alojamiento y la gastronomía local; los circuitos turísticos rurales requieren un abordaje según nichos de negocios, insertos
en proyectos comerciales liderados
por agentes privados. El rol público
debe enfatizar fundamentalmente aspectos de infraestructura, logística, organización,
calidad y promoción.
El estímulo a
proyectos de circuitos turísticos rurales no pasa por una alta demanda en
inversiones sino por el apoyo en la
articulación de ideas y la
vinculación de actividades en el tiempo y en el espacio territorial y social, dirigido a
la formación de una oferta estructurada,
flexible, variada y profesionalizada.
Esta visión prioriza
la expansión de micro y pequeñas empresas
participantes de una trama de servicios locales
sustentadores del negocio turístico.
El desarrollo empresarial comprende unidades
identificadas con cada paraje, subsidiarias de programas a medida de los intereses y demandas del segmento de público al que se procura captar y atraer.
En definitiva, el Turismo Rural representa en el Desarrollo Territorial Rural una
corriente de negocios - en productos y servicios - capaz de causar un efecto persistente en la
movilidad laboral y en la captación de rentas urbanas. Pone así en
marcha una cadena de valor de las que se benefician las propias materias
primas de la zona y fundamentalmente,
el valor del tiempo y conocimiento de sus habitantes.
Por:
Gonzalo
A. FREIRÍA CARBALLO
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