En los últimos años, el turismo a nivel mundial ha vivido un crecimiento significativo, paulatino y complementado de una mayor y mejor diversificación de la oferta, lo que ha hecho que se convierta en uno de los sectores económicos más importantes, sobre todo en las economías emergentes de países caracterizados por poseer atributos naturales prístinos y recursos culturales diferenciados, que han vivido y entendido al turismo como un mecanismo para mejorar sus realidades sociales a través del desarrollo de productos, destinos y servicios turísticos para segmentos de mercados que demandan un tipo de turismo que responda a estas características y que sea capaz de generar experiencias duraderas, en contra posición al turismo de masas o de sol y playa, que aunque genera ingresos superiores, empaqueta al turista en viajes cuadriculados y hasta cierto punto lo limita de experimentar lo que tienen para brindar los sectores rurales.
En ese escenario, las proyecciones de la Organización
Mundial de Turismo (OMT), expresadas en el informe “Tourism Towards 2030”,
corroboran lo planteado anteriormente, al prever que entre los años 2010 y 2030
las llegadas de turistas internacionales crezcan un 3,3% anual, hasta alcanzar
los 1.800 millones a finales del 2030. Por otra parte, se estima que las
llegadas a destinos emergentes incrementarán en 4.4% al año, lo cual es el
doble que lo proyectado para las economías avanzadas que incrementarían en
2.2%. En ese sentido, se puede afirmar
con plena seguridad que se abrirá un abanico de
oportunidades para estos sectores o estados emergentes. Así mismo, este ente
expone que la cuota de mercado de economías emergentes creció del 30% en 1980
hasta el 45% en 2015 y, se estima que para el año 2030 se alcance el 57%,
equivalente a 1.000 millones de llegadas internacionales.

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