El turismo es uno de los sectores estratégicos de la economía española, del cual dependen un importante porcentaje del PIB y millones de puestos de trabajo directa o indirectamente relacionados con él. Se trata, además, de una actividad dinámica y creativa, que ha evolucionado a lo largo de las décadas para adaptarse a las nuevas demandas de los visitantes: seguimos acogiendo a millones de viajeros cada año, pero de una manera diferente y más inteligente que en aquel ya distante “boom” de los años 60.
La
crisis sanitaria derivada del coronavirus ha afectado a todos los ámbitos: como
universidad, podemos atestiguar que nuestra capacidad de reacción fue puesta a
prueba de una manera inédita, y nos llevó a plantear grandes cambios muy
severos y muy rápidos en un muy corto espacio de tiempo. Lo mismo ha sucedido
en el resto de la sociedad, incluyendo al sector turístico.
Sin
duda, creo que dentro de unos años se hablará de un turismo antes del Covid-19 y
después de él. Esta emergencia sanitaria ha supuesto un punto
de inflexión y un test
de estrés
para un sector que depende del tránsito internacional
y de las relaciones humanas en un momento donde el confinamiento y la distancia
social fueron impuestas Por decreto para
salvaguardar la salud.

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