Desde finales del siglo XV, cuando la búsqueda de nuevas rutas comerciales llevó a los europeos a encontrarse con una masa continental hasta entonces por ellos desconocida, comenzaron a gestarse diversas ideas sobre ese mundo “nuevo” y sus habitantes a través de toda suerte de
experiencias de confrontación, sujeción, explotación, convivencia,
intercambio y adaptación. La necesidad,o conveniencia, de integrar o excluir a los
pobladores indígenas de las filas de la cristiandad o del concierto de las naciones “civilizadas” y las respuestas que dieron estos hombres a esos proyectos N
de cambio social y cultural han sido asuntos que han despertado multitudes de opiniones. Sus formas de aceptar y rechazar las imposiciones, de apropiarse de
lo extranjero y trastocarlo, de combinar y separar
tradiciones, han merecido la atención de hombres
de fe y de ciencia y han llegado a ser calificadas, en varias ocasiones, de imperfectas, rudas, aberrantes, heréticas, primitivas, inferiores, esquizofrénicas, híbridas o sincréticas,
entre otros términos, y sus posibles combinaciones.

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