Podemos observar que Garcilaso de la Vega en sus "Comentaríos Reales" (1600), afirma que los soldados españoles, pre~
ferian hacerse curar por los indios, ya que eran expertos en curar
heridas.
Valdizán y Maldonado transcriben la nota del Dr. Manar~
des: "El español Pedro de Osma en 1568 mandó al Dr. Monardes
algunas semillas diciéndole: Le envío el fruto de un árbol de gran~
de virtud (curativa), que solü se halla en esta tierra, porque la cor~
teza, reducida a polvo, y puesta sobre cualquiera herida, la limpia,
la cierra, hace crecer y cura perfectamente.
Al frotar los dientes con este polvo, se blanquean, puestas
descarnadas, reencarna y restringe los dientes que antes no po~
dían someterse al uso. Hirviendo las hojas de este árbol en agua
y lavando cualquiera inflamación o cualquiera llaga, aún supura~
áa, apaga la inflamación y termina con la supuración. Los paños
bañados en esta infusión puestos sobre las llagas, las sanan me~
jor, impidiendo que se produzca tumor. Del árbol se obtiene una
resina olorosa que sirve para la fumigación de los dolores de ca~
beza y para hacer emplastes; con su fruto los indios hacen bebidas
muy saludables. Si los conquistadores hubieran tenido un poco del
sano criterio de este humilde soldado que mandó a su médico la
semilla de este árbol, rica en virtudes terapéuticas, ¡cuánto bien
hubiera reportado a la humanidad!
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