El potencial económico que tiene el turismo para muchas
comunidades de montaña – aunque no para todas– está bastante claro: en la
mayoría de las regiones montañosas del mundo, las posibilidades de la gente
para generar ingresos son limitadas. La agricultura, la silvicultura y la cría de
animales son la columna vetebral de las economías locales, pero estas se
enfrentan a dificultades tales como suelos poco profundos, severas condiciones
climáticas y baja competitividad en el mercado. Por consiguiente, diversificar
las fuentes de ingresos no es a menudo una opción sino una necesidad para las
familias de las regiones de montaña.
Los sistemas montañosos ofrecen posibilidades para toda clase de
turistas: los aficionados al deporte acuden allí a practicar el senderismo, la
escalada o el esquí. Otros van simplemente deleitarse con sus hermosos paisajes.
En los valles remotos y en las cumbres de las montañas, muchas plantas
endémicas invitan a los visitantes a descubrir una biodiversidad única. Los
interesados en el patrimonio cultural encuentran fascinantes destinos a lo
largo de los caminos incas de los Andes, en los templos de piedra de Etiopía o en
las ceremonias y sitios sagrados budistas en los Himalayas.

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