El profundo cambio experimentado por
la sociedad actual respecto a la que vivió el Boom turístico de los años 60
constituye el argumento inapelable de fondo, dado que obliga a las empresas
turísticas a adaptar su oferta de servicios a los nuevos valores y necesidades
de los consumidores-turistas. La diversidad de comportamientos del turista y su creciente preferencia por servicios
personalizados de mayor calidad es otro factor que coadyuva a reivindicar la calidad
como base competitiva esencial. Además, la internacionalización de los mercados
facilita la creciente competencia de otros países y destinos más competitivos
en precio, frente a los cuales España necesita un cambio estratégico que
redefina las señas de identidad de la oferta nacional para mantener su
liderazgo. La literatura insiste en que la estrategia más eficaz para asegurar
la supervivencia de las empresas en el mercado actual se basa en la
diferenciación del producto, como instrumento que permite la discriminación de
precios. Una estrategia de competencia basada en la oferta de productos
diferenciados por calidad busca transmitir al consumidor una percepción de
valor por encima del precio del servicio, y la implantación de la gestión de la
calidad, como conceptos esenciales para garantizar una ventaja competitiva
sostenible para la empresa turística.

No hay comentarios:
Publicar un comentario