La cuestión del crecimiento, asociada inicialmente a
los límites aceptables, y posteriormente al concepto de desarrollo sostenible,
se plantea en las islas de forma muy singular. De hecho, el Capítulo 17 de la
Agenda 21 (Río 92) señalaba que “las islas constituyen un caso especial, tanto
para el medio ambiente como para el desarrollo, y presentan problemas muy específicos en la
planificación del desarrollo sostenible. Tienden a ser ecológicamente frágiles
y vulnerables”. Por contra, su pequeño tamaño individual, la limitación de sus
recursos, su dispersión geográfica y su
aislamiento de los mercados les coloca en situación de desventaja económica y
les impide obtener economías de escala... “El aislamiento geográfico hace que
tengan un número relativamente grande de especies singulares de flora y fauna,
por lo que poseen una proporción muy alta de la biodiversidad mundial. Asimismo
tienen culturas ricas y diversas adaptadas especialmente al medio insular”.
Estas frases, extraídas en su mayoría de las conclusiones y declaraciones de la Conferencia
“Island 2000”, primera conferencia de la insularidad celebrada en 1990 en
Sicilia y convocada por INSULA y la UNESCO, determinan de forma meridiana las
potencialidades, limitaciones, riesgos y
desafíos que marcan nuestro nuevo universo insular en los próximos años.

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