No creo
que me equivoque si afirmo que la aparición de este Manual de Senderos viene a
cubrir una antigua reivindicación, de todas aquellas personas e instituciones
que desde hace más de veinticinco años dedicamos esfuerzos y trabajo al empeño
de dotar a nuestro país de una red de senderos señalizados y homologados que
ponga a disposición de la sociedad la posibilidad de recorrer los más bellos e
interesantes rincones de nuestra geografía ejerciendo el sano deporte de andar.
Siempre, naturalmente, lo más lejos posible del ruido de motores, del bullicio
desenfrenado y de los ambientes contaminados por múltiples y variadas causas.
El senderismo, al igual que
en el resto de Europa, nació en España de la mano de los Clubes excursionistas
y montañeros y a lo largo de muchos años se ha ido desarrollando con el trabajo
fundamentalmente voluntario de sus afiliados y también con el curso de las
Federaciones territoriales y de la propia Federación española. Esta iniciativa
que en un principio estuvo muy circunscrita a estos colectivos, ha sumido en
estos últimos años una proyección de dimensiones realmente espectaculares. El retorno
masivo de los ciudadanos a las actividades deportivas que se desarrollan en el
medio natural el interés, manifiesto por descubrir el patrimonio histórico,
monumental y paisajístico y la facilidad con que se accede a esta actividad que
por otra parte no precisa de equipos complicados y costosos ni de una
preparación física especial, provoca que la incorporación de practicantes
procedentes de los más variados ámbitos y niveles crezca día a día sin tregua.
El senderismo ya no es una práctica monopolizada por los colectivos montañeros
tradicionales sino que en estos momentos es práctica habitual en muchos
sectores sociales que nunca han tenido nada que ver ni con la montaña ni con
los montañeros

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