El carácter polisémico y la heterogeneidad de las acepciones de
cultura no nos exime de intentar aproximaciones históricas, contextuales o
teóricas a los conceptos de cultura. Tal vez la riqueza de ésta se encuentra en
su alto grado de indeterminabilidad y la imposibilidad de un consenso definitivo
sobre sus contenidos y fines últimos. La resistencia a una definición unívoca
de cultura, tal vez recuerda que, la existencia real e histórica de la cultura
ha sido desde finales del siglo XIX plural: "Culturas". Algunos
investigadores señalan más de cien definiciones de cultura. Pero esa nominación
plural de "culturas" nos obliga aún más a demarcar y diferenciar unas
culturas de otras, así como sus distintas definiciones. Comprendiendo la
diferencia y cercanías con otras culturas conocemos las características, los
límites y las posibilidades de la nuestra.
El término cultura ha tenido una connotación pluralista, recuerda
Agnes Heller, en comparación con otros universales inventados en Occidente:
"Se discutía sobre ciencia o libertad, por ejemplo, pero no sobre
"ciencia occidental" o "libertad occidental" porque se ha
asumido que hay muchas otras culturas junto a la occidental, inferiores o
superiores a ella o, inclusive, distintas.
Independientemente del hecho de que se considerase a esas culturas
como superiores o inferiores, las relaciones entre culturas estaban siempre
temporizadas e historizadas." La noción de cultura necesita predicados como
"occidental", "oriental", "indígena",
"asiática", "nacional", etc.

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