Para ofertar turismo del patrimonio
cultural o natural es necesario diseñar una “interface” adecuada que permita
una correcta interacción entre el público visitante y aquello que se quiere
exponer. Muchas de las propuestas actuales se desarrollan en un formato
inadecuado que confunde el deseo del turista de disfrutar y de entender el
patrimonio, con su instrucción —casi— en formato escolar, repleta de
información inadecuada (poco atractiva), carente de significado para el
receptor, o bien excluyéndolo al presentarle un nivel de información que no
puede procesar adecuadamente. Es necesario, además, prever su comportamiento y
tenerlo siempre en cuenta. Antes de proyectar ofertas o productos de turismo
cultural, es necesario fijar bien los objetivos: no deben de plantearse igual
unas intervenciones destinadas, por ejemplo, a sensibilizar al visitante sobre
la necesidad de conservación de un ítem
determinado, que aquellas destinadas a
buscar la sostenibilidad de una comunidad local que vive de la artesanía como
complemento a una agricultura de autosuficiencia

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