El medio rural, más
allá de las dificultades para delimitar su ámbito en relación al urbano, sigue funcionando
como una noción que nos remite a ese espacio social vinculado al sector
primario de la economía (actividades agropecuarias y extractivas), estructurado
en pequeños y medianos núcleos de población y con un modelo de relaciones
basado en el conocimiento personal, en la confianza mutua y en un difuso
control social de los comportamientos. Tanto por su actividad económica
preeminente, como por la forma de sociabilidad y la persistencia de determinados
valores considerados tradicionales, el medio rural ha sido presentado como una sociedad
estancada y en permanente crisis de reproducción,
lo que justificaba el éxodo rural hacia los espacios urbanos. Esa comparación
desventajosa, que tenía una base real en cuanto a déficit de equipamientos
y servicios del medio rural pero que también estaba sustentada en el discurso de
la modernidad como atributo exclusivo de lo urbano, está experimentando en las últimas
décadas una clara inflexión en sus términos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario