Las lenguas son parte esencial
del patrimonio cultural de las comunidades o grupos. No solo son “vehículos”,
sino que también “son” patrimonio cultural. Las lenguas constituyen en sí
mismas hechos culturales e históricos, es decir, “tradiciones particulares del
hablar”
(Coseriu 1992). No conocemos culturas sin
lengua (Lotman 1980) y, asimismo, sabemos que aprender una lengua es siempre
iniciarse en una cultura (De Grève y Van Passel 1971). Queremos
abordar esta estrecha (y clásica) relación entre lengua y cultura desde una
nueva óptica, desde un nuevo acercamiento al hecho lingüístico, a partir del
tamiz de un concepto moderno

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