La teoría económica nos enseña que el
turismo es una de las actividades más rentables en la historia del planeta. Se
trata de un sector que no conoce fronteras, no sólo por el hecho de basarse en
los viajes, sino porque las ramificaciones de su industria tocan a múltiples
aspectos de nuestra cotidianidad. El actual rumbo de la globalización, sin embargo,
nos impone también evaluar cuáles son los riesgos de apostar por el turismo como
motor del desarrollo y en qué medida es posible combinar el impulso a esta actividad
económica con la sostenibilidad social y ambiental. Poner el acento en la vinculación
entre turismo y desarrollo significa analizar en qué condiciones el turismo puede contribuir de forma efectiva a la lucha
contra la pobreza, la injusticia social y el deterioro ambiental y cómo puede, promoviendo
el respeto, la hospitalidad y el diálogo, convertirse en un instrumento para la
resolución de conflictos entre culturas.
En las próximas páginas encontrarán
casos concretos que están trabajando en esa dirección: experiencias turísticas
consolidadas y que cuentan con el beneplácito de las empresas y las
instituciones internacionales, pero también ideas innovadoras y buenas prácticas
en el sector basadas en una atenta planificación y puesta en valor de los recursos
locales.
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