A fines de octubre de
1535, Huayllullo se encontró cara a cara con los españoles en Tupiza. Venía de Chile
trayendo el presente habitual en oro que este lejano reino ofrecía al “rey
universal del Perú”. El cargamento era portado sobre varias andas revestidas con
guarniciones de oro portadas al hombro por los indios principales. Consistía en
barras y tejas de oro fino y dos grandes pepas del mismo metal. Las piezas traían
estampada la figura del Inka y seguramente habían sido fundidas a orillas del
Marga Marga, estero vecino a Quillota cuyos ricos placeres gozaban de merecida
fama en esta parte del Tawantinsuyu.

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