Las razones que llevaron a plantear la
existencia de un Plan Nacional de Abadías, Monasterios y Conventos fueron
varias y diversas. En primer lugar, asistimos a un proceso de cambio, abandono y
cierre de muchos de estos conjuntos como consecuencia de la evolución de la sociedad.
Paralelamente, se observa el desarrollo
de procesos de aculturación por la entrada de religiosos/as procedentes de otras
culturas que introducen nuevos valores y usos.
Estos factores hacen que estos conjuntos,
de importantes valores patrimoniales, sean cada vez más vulnerables.
Además, se constató una importante
demanda de peticiones al IPCE para acometer intervenciones de diversa índole en
distintas abadías, monasterios y conventos, a través del Programa genérico de Arquitectura
Religiosa.

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