La cultura es base fundamental
para el desarrollo de una sociedad en todas sus esferas. El reconocimiento de
la misma y de la diversidad de sus contenidos y formas de expresión se
constituye, hoy más que nunca, en un elemento necesario para el diseño y la
implementación de una política social que permita el crecimiento democrático y
equitativo de las comunidades.
La cultura permite la producción
de conocimiento, la cohesión social y el desarrollo económico sostenible y
competitivo, mediante la generación de industrias y productos basados en la
propiedad intelectual. Por esto, se dice que la cultura juega múltiples roles
en la competitividad de las naciones y es la fuente de la diferenciación que
sustenta la transición de ventajas comparativas a competitivas; el valor
agregado que suscita experiencias en una economía de los contenidos y los
intangibles.
De igual manera, se constituye
en la principal fuente de innovación, creatividad y fuerza local.

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