La tradición es un guía, no un carcelero. Estas palabras del
escritor británico William Somerset Maugham nos sirven de inicio para
reflexionar sobre el concepto de la tradición y, lo que es más importante,
analizar el papel desempeñado por las mujeres, en la mayor parte de las
culturas que han poblado el orbe terrestre, como transmisoras de valores,
conocimientos e historias pertenecientes a las comunidades en las que vivieron.
Los museos, en tanto que instituciones depositarias de la
memoria (o las memorias) de los pueblos, conservan en su haber múltiples bienes
culturales que ponen de manifiesto ese protagonismo de las mujeres, acentuado
por haber vivido confinadas al ámbito de lo doméstico, como transmisoras de los
saberes de la comunidad. Pero esta transmisión también ha posibilitado la
perpetuación de unos roles y unos modelos de actuación que han posibilitado que
las sociedades patriarcales se asentaran plenamente y que las mujeres quedaran marginadas de los ámbitos de acción
de lo público para vivir recluidas entre los muros de la vida familiar y privada. Podríamos
decir que la tradición ha sido guía para
los hombres y carcelera para las mujeres y que ha creado un muro infranqueable
de relaciones sociales estandarizadas y estereotipadas, difíciles, que no
imposibles, de modificar.

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