viernes, 30 de septiembre de 2016

LA EXPERIENCIA DE UN RESTAURADOR: MATERIALES, PROCEDIMIENTOS, HECHURAS

El Químico que dedica su esfuerzo a estudiar y restaurar obras de contenido artístico y cultural, trabaja siempre, ó al menos así debería hacerlo, con el supuesto de que su material es estéticamente valioso y de que, aún rodeando su trabajo de todas las garantías,  él se reserva el ápice de su labor al servicio de los problemas del Arte y, por su conducto, a los de la Historia. De la falta de claridad sobre esta idea fundamental proceden los equívocos y los errores que ponen en peligro los fines últimos, ya que, con procedimientos analíticos cada vez mas refinados, puede limitar su tarea a un simple acarreo cuantitativo y, por tanto, a  unas aportaciones de escaso rango científico. Aunque el Químico trabaje en las mas modestas áreas, debe mantener la vista alzada hacia las  metas  a que apunta su labor, no permaneciendo como impasible recolector de datos o aplicador de recetas, sino nutriéndose con el descubrimiento personal de las conexiones entre el Arte, en su espiritualidad, y la materia, en su inmutable pasividad, a través de la historia de las formas que recubren el quehacer humano

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