Cada
vez toma más fuerza la idea de que es posible desarrollar actividades
económicas dentro del concepto de sostenibilidad. Lo que conlleva la necesidad
de “un desarrollo que satisfaga las
necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones
futuras para atender sus propias necesidades”. Para que sigamos construyendo el camino que
nos permita alcanzar esta meta es necesario que el ser humano tenga una visión
en la que el uso sostenible de los recursos naturales sea parte fundamental del
desarrollo económico y social de los pueblos. Será indispensable en esta tarea
una interacción adecuada entre la conservación del ambiente, la aplicación de
tecnologías limpias, el cumplimiento de la normativa existente y la generación
de ingresos distribuidos solidariamente.
Este
anhelo, que cada vez es más reconocido por gobiernos y sectores sociales, ha llevado
a que los países desarrollen políticas y leyes que promuevan el desarrollo económico
enmarcado en procesos de conservación del ambiente y generación de bienestar social. Por ello, han
ratificado acuerdos internacionales y han establecido normativas y políticas
regionales y nacionales que acoplan el tema productivo con el ambiental. A la
entrada del siglo XXI es necesario, además, redoblar los esfuerzos para que el
desarrollo sostenible sea visto como un tema transversal del desarrollo, que no
solo toca el medio ambiente por sí mismo sino que está estrictamente
relacionado con temas como agricultura, salud, vivienda y educación; de manera
que el tema ambiental no es un tema aislado o compartimentado, sino un tema
central de toda decisión política con visión de futuro.

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